Nº 7: La Epopeya de La Vendée (III)

Cristo Rey

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año I- Nº 7
Córdoba, 23 de abril de 2005



LAS NUEVAS CRUZADAS

La Epopeya de La Vendée. Parte III

Primera Cruzada Contra los "Sin Dios Jacobinos
Primer Genocidio de la Modernidad

Por Lic. Gustavo Carrère Cadirant
República Argentina


2do. levantamiento en La Vendée: 1793

Introducción:

La ejecución de Luis XVI, el 21 de enero de 1793, conmocionó a toda Europa. Ello, unido a la política anexionista de la Convención, hizo que la hostilidad exterior contra la Revolución aumentara. La Francia, entusiasmada, declaró la guerra a Inglaterra y Holanda (1 de febrero de 1793), a España (7 de marzo) y a los Estados italianos. La Francia revolucionaria estaba en guerra contra toda Europa (excepto Suiza y los países escandinavos); por ello decreta el 24 de febrero de 1793 la movilización de 300.000 hombres.

Las primeras proscripciones de sacerdotes habían comenzado en otoño, y la noticia de las matanzas de septiembre llegó hasta las más apartadas aldeas; a fines de enero, la de la ejecución del Rey causó peor impresión. El incendio finalmente estalló en marzo de 1793.

El 3 de marzo, en el mercado de Cholet, se supo que los funcionarios de Paris habían decidido que los jóvenes entre dieciocho y veinticinco años fueran alistados y enviados al ejército; aproximadamente unos quinientos jóvenes juraron públicamente no aceptar jamás la milicia revolucionaria. Las autoridades locales, desoyendo el clima que se vivía, ordenaron el sorteo de los alistados en los centros de distrito, lo que suponía la reunión de ellos en grandes grupos; en muchísimos lugares estallaron incidentes.

El 11 de marzo, en Machecoul, los guardias nacionales intentaron imponer el sorteo, lo que costó la vida a treinta de ellos. El 12 de marzo, en Saint- Florent, se realizó la convocatoria de los conscriptos; estos exigieron la rendición de las fuerzas republicanas, que si bien eran inferiores en número, contaban con sesenta armas de fuego y soldados de oficio. Los vendeanos declararon: "Han matado a nuestro Rey, expulsaron a nuestros sacerdotes, robaron los bienes de nuestra Iglesia, comieron todo lo que teníamos, y ahora quieren nuestros cuerpos. ¡No los tendrán!". Ante la negativa de los republicanos, se lanzaron sobre ellos; los cañonearon sin éxito y tuvieron que replegarse; los paisanos quemaron las listas de conscripción.

El 13 de marzo, Jacques Cathelineau —de profesión carretero, conocido y respetado por su devoción religiosa, de tan solo 34 años, casado y con cinco hijos— es anoticiado por su cuñado Jean Blon de lo sucedido en Saint-Florent; al poco tiempo entran preocupados en su casa varios vecinos: el sastre, el carpintero, el herrero, el zapatero y labradores en número de veintisiete, para consultarlo. Entonces se armó de una pistola, ató a la cintura el santo rosario y fijando sobre el pecho la imagen del sagrado Corazón de Jesús, salió a la plaza pública para hablar con sus paisanos; antes de llegar al extremo del pueblo, quinientos hombre lo seguían: toda la población de Pin-en-Mauges. Marcharon al castillo de Jallais, donde había un pequeño destacamento de la guardia nacional con un cañón y lo tomaron; luego cayó la población de Chemillé.

El 14 de marzo, el abate Barbotin, vicario de Gardes dio una misa de campaña, en latín y de cara a Dios, al incipiente ejército paisano y católico de aproximadamente unos quince mil hombres; cantaron el Te Deum, se repartieron escapularios y todos tenían cosidos en sus ropas los Sagrados Corazones, y habiendo recibido del sacerdote la absolución de sus faltas, se lanzaron a las órdenes de Cathelineau sobre la ciudad de Cholet. Ni un solo campesino, frente a la cruz que se elevaba en aquella plaza, quedó sin arrodillarse y descubrirse, mostrando una fe inquebrantable.

A veinte pasos de la cruz, bajo las balas enemigas, los vendeanos rezaban con la misma tranquilidad que si estuvieran en sus iglesias. Cholet fue la primera villa importante que cayó dentro de la escarcela realista. Así, al grito de "¡Viva la Religión!", se levantaba en armas toda La Vendée.


Desarrollo

El clima de los ejércitos vendeanos fue profundamente religioso: las columnas avanzaban rezando el santo rosario; no podían pasar frente a una cruz sin arrodillarse y rezar, aunque muy rápidamente, un Pater Noster; lanzábanse al asalto cantando el Vexilla Regis; los capellanes impartían la absolución antes de que se trabara el combate.

Ese espíritu religioso se daba también entre aquellos jefes salidos del pueblo, como el buhonero Jacques Cathelineau, llamado el "Santo de Anjou" y el ex-soldado y leñador Jean Nicolas Stofflet. Entre los nobles, a quienes los campesinos buscaron en sus propias mansiones y castillos para ponerlos al frente de sus fuerzas, esa religiosidad fue menos espontánea al principio; pero una vez tomada la decisión, todos ellos: Maurice Louis Joseph Gigost d‘Elbée; Louis-Marie de Salgues, Marquis de Lescure; Charles Melchior Artus, Marquis de Bonchamps; Bernard de Marigny; Louis Celestin de Sapinaud; François Athanase Charette de la Contrie; Henri du Vergier, Marquis de La Rochejaquelein y Antoine Philippe de La Tremoille, Prince de Talmont, se mostraron dignos de la fe sólida y simple de sus hombres.

En forma general se puede dividir la Guerra de Vendée en los siguientes períodos:
La Primer Guerra: marzo a octubre de 1793.
El Gran Viraje: octubre a diciembre de 1793.
Las Columnas Infernales: enero a marzo de 1794.
El Camino a la Paz: abril de 1794 a febrero de 1795.
La Segunda Guerra: junio de 1795 a marzo de 1796.

Como bien nos señala Daniel Rops: «A decir verdad, dos Francias se enfrentaron en aquella lucha fraticida. La una, católica y tradicionalista, en la que se confundían convicciones cristianas y realistas hasta el punto de borrar en ella el sentido de la comunidad nacional y aceptar el lanzarse a una revuelta en el instante en que la Patria era invadida por todas partes»; al tomar las armas contra un gobierno al que consideraban ilegítimo y tiránico, no pensaban en absoluto en "traicionar a Francia". «La otra, la Francia "de la montaña", vagamente deísta, violentamente anticlerical, que no tenía en el fondo otra religión que lade la Patria».


Consecuencias

La Vendée fue un levantamiento popular, que forzó a los titubeantes clérigos a tomar partido y produjo la salida de incógnito de muchos nobles temerosos de comprometerse: nada de aristócratas y clero que incitaban al pueblo a defender sus privilegios.

Rebelión religiosa frente al feroz volterianismo ideológico que se imponía a sangre y fuego desde París. Una insurrección en defensa del cristianismo, que constituye un hecho único en la historia por sus proporciones y el alcance de su brutal represión y exterminio, siendo sin duda el "Primer Genocidio de la Modernidad".

Las cifras más conservadoras —en relación con el programa de exterminio establecido en París y realizado por los oficiales revolucionarios— llevan a los siguientes resultados: en dieciocho meses, en un territorio de sólo 10.000 km2 , fueron eliminadas 120.000 personas, por lo menos el 15% de la población total; diez mil edificios fueron completamente destruidos, el 20% de los de La Vendée.

En tal sentido resultan muy ilustrativas las siguientes expresiones:

"La destrucción de La Vendée, el castigo de los traidores, la extirpación del monarquismo, he aquí nuestras necesidades...". Ideas del diputado Barreré, en nombre de la Comisión de Bien Público.

"¡Soldados de la libertad! Los ladrones de La Vendée han de ser exterminados antes del fin de octubre. (...)". Arenga del General L´Echelle a sus tropas.

"¡Valientes defensores que lleváis el nombre de columnas infernales! ¡Os conjuro en nombre de la ley: pegad fuego en todas partes, y no perdonéis a nadie, ni siquiera mujeres y niños, fusilad a todos, incendiad todo!". Arenga del General Westerman a sus tropas.

«La Vendée, compatriotas republicanos, ya no existe. Murió bajo nuestros sables, con sus mujeres y niños. Yo la enterré en los pantanos y selvas de Savenay. Siguiendo las órdenes que vosotros me disteis, he pisoteado a muerte a los niños con nuestros caballos. Y he masacrado a las mujeres: no alumbrarán más bandoleros. No pueden acusarme de tomar un sólo prisionero: los he exterminado a todos ... los caminos están cubiertos de cadáveres, y abundan en varios sitios formando pirámides. Pero los pelotones de fusilamiento aún trabajan incesantemente en Savenay, porque a cada momento llegan bandoleros que pretenden rendirse como prisioneros. ¡Y ya no más prisioneros! Estaríamos obligados a alimentarlos con el pan de la libertad, mas la compasión no es una virtud revolucionaria". Carta del General Westerman al Comité de Salud Pública.

«Tenemos que convertir La Vendée en un cementerio nacional». Expresión pública del General Turreau.

"... los saqueos no son, con todo, lo peor. En todos los rincones se veían violaciones y barbarie. Republicanos han violado mujeres en las carreteras y luego las han fusilado o degollado. Otros llevaban niños de pecho en la punta de sus bayonetas o de las picas...". Informe de Lequinio, integrante de la Convención.

"El Gobierno ha calculado el número de los habitantes y hallado que es imposible mantener tanta gente; por lo tanto hay que tomar medidas para disminuir la población". Nota de Juan Bautista Carrier al gobierno revolucionario.

"Un suceso de género enteramente nuevo ha venido a disminuir el número de los curas". Carta de Carrier a la Convención.

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