
Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año II- Nº 16
Año II- Nº 16
Córdoba, 1 de noviembre de 2005
octubre 2004-AÑO DE A EUCARISTÍA-octubre 2005
octubre 2004-AÑO DE A EUCARISTÍA-octubre 2005
EL MILAGRO EUCARÍSTICO DE LANCIANO
Fuente: www.corazones.org
Lanciano es una pequeña ciudad medieval, que se encuentra en la costa del Mar Adriático en la carretera entre San Giovanni Rotondo y Loreto.
Aquí se conserva desde hace mas de doce siglos el primero y más grande de los milagros Eucarísticos.
Un monje de la orden de San Basilio, sabio en las cosas del mundo, pero no en las cosas de la fe, pasaba un tiempo de prueba: sufría día tras día una duda terrible: ¿está Jesús real y substancialmente presente en la Eucaristía? Dudaba sobre el misterio de la transubstanciación. Oraba constantemente para librarse de esas dudas por miedo de perder su vocación. Pero su sacerdocio se convirtió en una rutina y se destruía poco a poco. Especialmente la celebración de la Santa Misa se convirtió en una rutina más, un trabajo más.
La situación en el mundo no le ayudaba a fortalecer su fe. Había muchas herejías surgiendo durante esa época. Sacerdotes y obispos eran víctimas de esas herejías, las cuales estaban infestando a la Iglesia por todas partes. Algunas de estas herejías negaban la presencia real de nuestro Señor en la Eucaristía.
Una mañana del año 750, mientras celebraba la Santa Misa, y después de haber pronunciado las solemnes palabras de la consagración, vió cómo la Santa Hostia se convirtió en un círculo de carne y el vino en sangre visible. Estaba ante un fenómeno sobrenatural, que lo hizo temblar, y comenzó a llorar incontrolablemente de gozo y agradecimiento. Y luego se dirigió a los fieles presentes diciéndoles: “¡Oh afortunados testigos a quién el Santísimo Dios, para destruir mi falta de fe, ha querido revelárseles Él mismo en este Bendito Sacramento y hacerse visible ante nuestros ojos! Vengan, hermanos y maravíllense ante nuestro Dios tan cerca de nosotros. ¡Contemplen la Carne y la Sangre de Nuestro Amado Cristo!”
Las personas se apresuraron para ir al altar y, al presenciar el milagro, clamaban pidiendo perdón y misericordia. Otras empezaron a darse golpes de pecho, confesando sus pecados, declarándose indignos de presenciar tal milagro. Otros se arrodillaban en señal de respeto y gratitud por el regalo que el Señor les había concedido. Todos contaron la historia por toda la ciudad y por todos los pueblos vecinos.
La carne se mantuvo intacta, pero la sangre se dividió en el cáliz en cinco partículas de diferentes tamaños y formas irregulares. Inmediatamente la Hostia y las cinco partículas fueron colocadas en un relicario de marfil.
La parte de la Hostia en el centro del círculo de carne, aunque era verdaderamente la Carne de Jesucristo, siguió teniendo los accidentes de pan sin levadura después del milagro, tal como ocurre en cada Consagración. Se mantuvo por muchos años pero se desintegró porque la luneta que la contenía no había sido herméticamente cerrada. La Carne y la Sangre actualmente visibles no sólo son la Carne y la Sangre de Jesús como en toda Hostia consagrada, sino que mantienen hasta la actualidad los accidentes propios de carne y sangre humana.
La Carne, desde 1713, se conserva en un artístico Ostensorio de plata, de la escuela napolitana, finamente cincelado.
La Sangre está contenida en una rica y antigua ampolla de cristal de Roca.
La Hostia-Carne, aún se conserva muy bien. El tamaño de la hostia es como las hostias que el sacerdote eleva en las misas hoy día. Es ligeramente parda y adquiere un tinte róseo si se ilumina por el lado posterior. La sangre coagulada tiene un color terroso que tiende al amarillo ocre.
El Milagro de Lanciano es un continuo milagro. La Hostia convertida en Carne y el Vino convertido en Sangre, sin el uso de ningún preservativo, están aun presentes en el relicario. Unos fragmentos dejados en estado natural, sin conservantes de ningún tipo y además expuestos a la acción de los agentes físicos, atmosféricos, ambientales y parasitosos, llegaron a nosotros así inexplicablemente inalterados después de más de un milenio, para someterse a las investigaciones científicas de las que sólo hoy, después de siglos de historia, disponemos. A través de los años se han hecho muchas investigaciones. Nuestro Señor se ha permitido ser pinchado, seccionado, cortado, examinado a través del microscopio, y fotografiado.
En 1574 se hicieron las primeras pruebas de la Carne y la Sangre, y se descubrió un fenómeno inexplicable. Las cinco bolitas de Sangre coagulada son de diferentes tamaños y formas. Pero cualquier combinación pesa en total lo mismo(15.18 gramos). En otras palabras: una pesa lo mismo que dos; dos pesan lo mismo que tres, y tres pesan lo mismo que cinco. Este resultado está marcado en una tabla de mármol en la Iglesia.
A las distintas investigaciones eclesiásticas siguieron las científicas, llevadas a cabo desde 1574, siendo las últimas las realizadas en 1991 por los científicos Profesores Odoardo Linoli y Ruggero Bertelli, utilizando los instrumentos científicos más modernos disponibles. Los análisis, realizados con absoluto rigor científico y documentados por una serie de fotografías al microscopio, dieron los siguientes resultados:
La Carne es verdadera Carne. La Sangre es verdadera Sangre. Carne y Sangre pertenecen a la especie humana y tienen el mismo grupo sanguíneo (AB).
La Carne está constituida por el tejido muscular del corazón. En la Carne están presentes, en secciones, el miocardio, el endocardio, el nervio vago y, por el relevante espesor del miocardio, el ventrículo cardíaco izquierdo. Es un corazón sano completo en su estructura esencial.
En la Sangre se encontraron las proteínas normalmente fraccionadas, con la proporción en porcentaje correspondiente al cuadro Sero- proteico de la sangre fresca normal; también se encontraron estos minerales: cloruro, fósforo, magnesio, potasio, sodio y calcio.
En todos los estudios la carne y la sangre respondieron a todas las reacciones clínicas propias de los seres vivos.
La conservación de la Carne y de la Sangre, dejadas al estado natural por espacio de doce siglos y expuestas a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, es de por sí un fenómeno extraordinario, y la ciencia ha dado una respuesta segura y exhaustiva acerca de la autenticidad del Milagro Eucarístico de Lanciano.
“Nunca hubiera creído que iba a ver en esos fragmentos orgánicos de hace doce siglos lo que he visto”, afirmó el profesor Linoli, y al concluir las investigaciones envió un brevísimo telegrama a los franciscanos custodios de las reliquias: “In principio erat Verbum et Verbum Caro factum est”.
Es muy significativo que este milagro sucediera en la ciudad llamada Lanciano (que significa lanza), en la Iglesia de San Longinos. Escuchemos el relato de una de las visiones de Santa Catalina Emmerick:
(...)Acabada la crucifixión de los ladrones, los verdugos se retiraron, y los cien soldados romanos fueron relevados por otros cincuenta, bajo el mando de Abenadar, árabe de nacimiento, bautizado después con el nombre de Ctesifón; el segundo jefe se llamaba Casio, y recibió después el nombre de Longinos. (...) Los verdugos dudaban todavía de la muerte de Jesús. El modo horrible como habían fracturado los miembros de los ladrones hacía temblar a las santas mujeres por el cuerpo del Salvador. Mas el subalterno Casio, hombre de veinticinco años, cuyos ojos bizcos excitaban la befa de sus compañeros, tuvo una inspiración súbita. La ferocidad bárbara de los verdugos, la angustia de las santas mujeres, y el ardor grande que excitó en él la Divina gracia, le hicieron cumplir una profecía. Empuñó la lanza, y dirigiendo su caballo hacia la elevación donde estaba la cruz, se puso entre la del buen ladrón y la de Jesús. Tomó su lanza con las dos manos, y la clavó con tanta fuerza en el costado derecho del Señor, que la punta atravesó el corazón, un poco más abajo del pulmón izquierdo. Cuando la retiró salió de la herida una cantidad de sangre y agua que llenó su cara, que fue para él baño de salvación y de gracia. Se apeó, y de rodillas, en tierra, se dio golpes de pecho, confesando a Jesús en alta voz”.
Jesús nos da, otra vez, Su Corazón por medio de este Milagro Eucarístico. El mismo que fue traspasado por Longinos en el Calvario... El mismo que se venera hoy en Lanciano... El mismo que está en cada Eucaristía, en cada Tabernáculo...
Fuente: www.corazones.org
Lanciano es una pequeña ciudad medieval, que se encuentra en la costa del Mar Adriático en la carretera entre San Giovanni Rotondo y Loreto.
Aquí se conserva desde hace mas de doce siglos el primero y más grande de los milagros Eucarísticos.
Un monje de la orden de San Basilio, sabio en las cosas del mundo, pero no en las cosas de la fe, pasaba un tiempo de prueba: sufría día tras día una duda terrible: ¿está Jesús real y substancialmente presente en la Eucaristía? Dudaba sobre el misterio de la transubstanciación. Oraba constantemente para librarse de esas dudas por miedo de perder su vocación. Pero su sacerdocio se convirtió en una rutina y se destruía poco a poco. Especialmente la celebración de la Santa Misa se convirtió en una rutina más, un trabajo más.
La situación en el mundo no le ayudaba a fortalecer su fe. Había muchas herejías surgiendo durante esa época. Sacerdotes y obispos eran víctimas de esas herejías, las cuales estaban infestando a la Iglesia por todas partes. Algunas de estas herejías negaban la presencia real de nuestro Señor en la Eucaristía.
Una mañana del año 750, mientras celebraba la Santa Misa, y después de haber pronunciado las solemnes palabras de la consagración, vió cómo la Santa Hostia se convirtió en un círculo de carne y el vino en sangre visible. Estaba ante un fenómeno sobrenatural, que lo hizo temblar, y comenzó a llorar incontrolablemente de gozo y agradecimiento. Y luego se dirigió a los fieles presentes diciéndoles: “¡Oh afortunados testigos a quién el Santísimo Dios, para destruir mi falta de fe, ha querido revelárseles Él mismo en este Bendito Sacramento y hacerse visible ante nuestros ojos! Vengan, hermanos y maravíllense ante nuestro Dios tan cerca de nosotros. ¡Contemplen la Carne y la Sangre de Nuestro Amado Cristo!”
Las personas se apresuraron para ir al altar y, al presenciar el milagro, clamaban pidiendo perdón y misericordia. Otras empezaron a darse golpes de pecho, confesando sus pecados, declarándose indignos de presenciar tal milagro. Otros se arrodillaban en señal de respeto y gratitud por el regalo que el Señor les había concedido. Todos contaron la historia por toda la ciudad y por todos los pueblos vecinos.
La carne se mantuvo intacta, pero la sangre se dividió en el cáliz en cinco partículas de diferentes tamaños y formas irregulares. Inmediatamente la Hostia y las cinco partículas fueron colocadas en un relicario de marfil.
La parte de la Hostia en el centro del círculo de carne, aunque era verdaderamente la Carne de Jesucristo, siguió teniendo los accidentes de pan sin levadura después del milagro, tal como ocurre en cada Consagración. Se mantuvo por muchos años pero se desintegró porque la luneta que la contenía no había sido herméticamente cerrada. La Carne y la Sangre actualmente visibles no sólo son la Carne y la Sangre de Jesús como en toda Hostia consagrada, sino que mantienen hasta la actualidad los accidentes propios de carne y sangre humana.
La Carne, desde 1713, se conserva en un artístico Ostensorio de plata, de la escuela napolitana, finamente cincelado.
La Sangre está contenida en una rica y antigua ampolla de cristal de Roca.
La Hostia-Carne, aún se conserva muy bien. El tamaño de la hostia es como las hostias que el sacerdote eleva en las misas hoy día. Es ligeramente parda y adquiere un tinte róseo si se ilumina por el lado posterior. La sangre coagulada tiene un color terroso que tiende al amarillo ocre.
El Milagro de Lanciano es un continuo milagro. La Hostia convertida en Carne y el Vino convertido en Sangre, sin el uso de ningún preservativo, están aun presentes en el relicario. Unos fragmentos dejados en estado natural, sin conservantes de ningún tipo y además expuestos a la acción de los agentes físicos, atmosféricos, ambientales y parasitosos, llegaron a nosotros así inexplicablemente inalterados después de más de un milenio, para someterse a las investigaciones científicas de las que sólo hoy, después de siglos de historia, disponemos. A través de los años se han hecho muchas investigaciones. Nuestro Señor se ha permitido ser pinchado, seccionado, cortado, examinado a través del microscopio, y fotografiado.
En 1574 se hicieron las primeras pruebas de la Carne y la Sangre, y se descubrió un fenómeno inexplicable. Las cinco bolitas de Sangre coagulada son de diferentes tamaños y formas. Pero cualquier combinación pesa en total lo mismo(15.18 gramos). En otras palabras: una pesa lo mismo que dos; dos pesan lo mismo que tres, y tres pesan lo mismo que cinco. Este resultado está marcado en una tabla de mármol en la Iglesia.
A las distintas investigaciones eclesiásticas siguieron las científicas, llevadas a cabo desde 1574, siendo las últimas las realizadas en 1991 por los científicos Profesores Odoardo Linoli y Ruggero Bertelli, utilizando los instrumentos científicos más modernos disponibles. Los análisis, realizados con absoluto rigor científico y documentados por una serie de fotografías al microscopio, dieron los siguientes resultados:
La Carne es verdadera Carne. La Sangre es verdadera Sangre. Carne y Sangre pertenecen a la especie humana y tienen el mismo grupo sanguíneo (AB).
La Carne está constituida por el tejido muscular del corazón. En la Carne están presentes, en secciones, el miocardio, el endocardio, el nervio vago y, por el relevante espesor del miocardio, el ventrículo cardíaco izquierdo. Es un corazón sano completo en su estructura esencial.
En la Sangre se encontraron las proteínas normalmente fraccionadas, con la proporción en porcentaje correspondiente al cuadro Sero- proteico de la sangre fresca normal; también se encontraron estos minerales: cloruro, fósforo, magnesio, potasio, sodio y calcio.
En todos los estudios la carne y la sangre respondieron a todas las reacciones clínicas propias de los seres vivos.
La conservación de la Carne y de la Sangre, dejadas al estado natural por espacio de doce siglos y expuestas a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, es de por sí un fenómeno extraordinario, y la ciencia ha dado una respuesta segura y exhaustiva acerca de la autenticidad del Milagro Eucarístico de Lanciano.
“Nunca hubiera creído que iba a ver en esos fragmentos orgánicos de hace doce siglos lo que he visto”, afirmó el profesor Linoli, y al concluir las investigaciones envió un brevísimo telegrama a los franciscanos custodios de las reliquias: “In principio erat Verbum et Verbum Caro factum est”.
Es muy significativo que este milagro sucediera en la ciudad llamada Lanciano (que significa lanza), en la Iglesia de San Longinos. Escuchemos el relato de una de las visiones de Santa Catalina Emmerick:
(...)Acabada la crucifixión de los ladrones, los verdugos se retiraron, y los cien soldados romanos fueron relevados por otros cincuenta, bajo el mando de Abenadar, árabe de nacimiento, bautizado después con el nombre de Ctesifón; el segundo jefe se llamaba Casio, y recibió después el nombre de Longinos. (...) Los verdugos dudaban todavía de la muerte de Jesús. El modo horrible como habían fracturado los miembros de los ladrones hacía temblar a las santas mujeres por el cuerpo del Salvador. Mas el subalterno Casio, hombre de veinticinco años, cuyos ojos bizcos excitaban la befa de sus compañeros, tuvo una inspiración súbita. La ferocidad bárbara de los verdugos, la angustia de las santas mujeres, y el ardor grande que excitó en él la Divina gracia, le hicieron cumplir una profecía. Empuñó la lanza, y dirigiendo su caballo hacia la elevación donde estaba la cruz, se puso entre la del buen ladrón y la de Jesús. Tomó su lanza con las dos manos, y la clavó con tanta fuerza en el costado derecho del Señor, que la punta atravesó el corazón, un poco más abajo del pulmón izquierdo. Cuando la retiró salió de la herida una cantidad de sangre y agua que llenó su cara, que fue para él baño de salvación y de gracia. Se apeó, y de rodillas, en tierra, se dio golpes de pecho, confesando a Jesús en alta voz”.
Jesús nos da, otra vez, Su Corazón por medio de este Milagro Eucarístico. El mismo que fue traspasado por Longinos en el Calvario... El mismo que se venera hoy en Lanciano... El mismo que está en cada Eucaristía, en cada Tabernáculo...
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