Nº 3:La puntualidad en la Santa Misa

Misa en el cenobio
Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año I- Nº 3
Córdoba, 20 de febrero de 2005



La puntualidad en la Santa Misa
Por Fr. Diego Correa, OP.
Superior del Convento de Santo Domingo de San Juan, Argentina


Queridos Hermanos:

Hoy quiero que reflexionemos en la participación puntual en la Santa Misa.

Para muchas personas es la única celebración de la Eucaristía en una semana. Para otros no, ya que encontramos un nutrido grupo de hermanos y hermanas que sabiendo lo que significa y pudiendo hacerlo, participan en la Misa diariamente o casi. Estos hermanos generalmente nunca llegan tarde a ninguna Misa, a no ser por necesidad.
Pero, justamente para los hermanos y hermanas que solo participan, -por formación o por imposibilidad-, una sola vez a la semana en la Misa dominical, encima llegan tarde, cuando no a la mitad de la Santa Misa.

Si es por fuerza mayor y excepcionalmente, nada tenemos que decir. Pero cuando esto es casi lo normal y además sin ningún motivo excusante, es verdaderamente una falta total de respeto para con Jesucristo en primer lugar, que se está ofreciendo nuevamente para nosotros en la Cruz en esa celebración litúrgica y sin duda para toda la comunidad de creyentes que están participando en la misma. Es mal ejemplo para los más jóvenes, es molestia e interrupción para los que ya están celebrando la Eucaristía, es distracción para todos, aún para los celebrantes y demás ministros, etc.

La celebración de la Eucaristía, que es la acción más sagrada de la tierra, es una realidad viva y una totalidad, y cualquier parte que suprimamos, le estamos quitando algo vital y que es parte de su integridad. Además, todo está pensado ordenada y sabiamente, de modo que cuando llegamos tarde ya empezamos mal.

Por mando divino de los tres primeros mandamientos y por ley canónica de la Iglesia que los especifica, debemos participar obligatoriamente en la misa entera cada domingo y los días festivos de precepto, que en Argentina son cuatro: el 1º de enero, el 15 de agosto, el 8 de diciembre y Navidad.

Aún más, a mi me parece y así lo han aconsejado tantos santos y doctores de la Iglesia, no sólo conviene llegar a horario puntual, sino antes de que empiece la Celebración. Yo diría los domingos y de precepto, media hora antes, para rezar el rosario comunitaria o individualmente, para ensayar los cantos, para escuchar las exhortaciones previas, para preparar mi alma, que viene con todas las agitaciones y preocupaciones de la vida cotidiana, para participar concientemente y de modo activo, en algo tan sublime y tan valioso como es la Santa Misa, el Banquete y Sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre y alimento de vida eterna. También para poner ante Dios las intenciones por las cuales quiero pedir, por las cuales quiero agradecer, por las cuales quiero alabar a Dios, etc., etc. Nada más importante tenemos que hacer el día del Señor que rendirle el culto debido. Si le dedicamos tiempo a Dios, Él que es autor de todos los tiempos nos multiplicará nuestro tiempo y finalmente nos dará una eternidad sin fin de tiempo.

Otra cosa importante que debo saber es no retirarme al menos antes de que el celebrante despida a la Asamblea litúrgica. Es signo de muy mala educación retirarse en el momento del silencio posterior a la Sagrada Comunión.

Debo proponerme en esta Cuaresma al menos corregir este irrespetuoso hábito de llegar cuando la santa Misa ya está comenzada, y si Dios quiere, comenzar el camino para que muy pronto, al menos los domingos y preceptos, llegue media hora antes, o al menos quince minutos antes.

San Juan, febrero de 2005

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