Hora de GuardiaBoletín de la Asociación Guardia de Honor
Año IV- Nº 36
Córdoba, febrero 2008
Un jubileo para la posteridad: Lourdes 2008
por Mons. Jacques Perrier
Obispo de Tarbes y Lourdes
Todos los peregrinos del jubileo de 2008 se dirigirán hacia la Gruta de Massabielle, como guiados por un impulso de plegaria universal: la celebración del 150 aniversario de las Apariciones. Estamos invitados todos a mirar hacia adelante, por dos razones. La primera porque el año jubilar empezará el 8 de diciembre de 2007 para terminar el 8 de diciembre de 2008, y sobre todo porque este jubileo quiere ser importante para la posteridad.
El primer jubileo de Lourdes, en 1908, fue marcado por un momento de la historia francesa en la que el anticlericalismo era muy fuerte. Estaban todavía muy recientes la expulsión de religiosos, la separación de la Iglesia y del Estado, la nacionalización de los bienes de la Iglesia,... El orgullo científico estaba en su punto culminante, antes de estallar la guerra: fue la época de las exposiciones universales.
En este ambiente hubo manifestaciones públicas de las que el jubileo de 1908 se encargó hacer ver y oír, como las multitudes de Lourdes -a pesar de la ruina anunciada de la religión-, la unidad en torno al Papa y las curaciones milagrosas.
El centenario (1958) fue una gran historia para mi predecesor, Mons. Théas, obispo de Tarbes y Lourdes desde 1945. Parece ser que lo tenía pensado desde hacía tiempo. Lanzó con atrevimiento, dos proyectos de los que nos aprovechamos todavía.
Por una parte, pidió al abate Laurentin que escribiera la «verdadera» historia de las Apariciones, sometiendo los numerosos documentos a críticas rigurosas. El trabajo estuvo tan bien realizado, que desde entonces no ha tenido que ser revisado. Se le puede considerar como exhaustivo y definitivo, de no ser que se encuentren nuevos e improbables descubrimientos.
Por otra parte, Mons. Théas lanzó la construcción del enorme «refugio subterráneo», convertido en basílica San Pío X, para paliar las molestias del calor y de la lluvia. Cincuenta años después, el edificio es aún la admiración de los arquitectos y no da signos de envejecimiento.
Las perspectivas para 2008 son diferentes. El ambiente es diferente al de 1908 y no habrá un nuevo Laurentin, ni una nueva basílica.
La finalidad es de ser útil y, para ello, no hay que encerrarse en Lourdes sino que hay que preguntar: ¿cuál es la competencia de Lourdes entre las diferentes misiones de la Iglesia de nuestro tiempo? ¿Para qué puede servir Lourdes en la situación espiritual de nuestro tiempo? Si 1908 fue más bien apologético, 1958 histórico y arquitectural, 2008 será pastoral y dirigido hacia el porvenir. No solamente el porvenir de Lourdes, sino también el porvenir de la fe.
En esta orientación llego a una conclusión seleccionando doce misiones. Hemos preferido llamarlas de esta manera, mejor que «tema» (demasiado teórico) o «pilares» (demasiado estático). «Misión» tiene la ventaja que pertenece a la vez al lenguaje evangélico y al lenguaje corriente. Se le utiliza demasiado en el lenguaje administrativo, pero ¡qué importa! Nadie es perfecto, ni siquiera el vocabulario.
Hemos tomado como modelo al papa Juan Pablo II para mirar hacia el futuro. Para él, el jubileo del año 2000 tenía como finalidad hacer memoria de los dos primeros milenios del cristianismo, pero sobre todo, lo que quiso fue hacer entrar a la Iglesia en el tercer milenio, como dijo de él proféticamente el cardenal Wychinski cuando fue elegido Papa.
Un jubileo para la posteridad: Lourdes 2008
por Mons. Jacques Perrier
Obispo de Tarbes y Lourdes
Todos los peregrinos del jubileo de 2008 se dirigirán hacia la Gruta de Massabielle, como guiados por un impulso de plegaria universal: la celebración del 150 aniversario de las Apariciones. Estamos invitados todos a mirar hacia adelante, por dos razones. La primera porque el año jubilar empezará el 8 de diciembre de 2007 para terminar el 8 de diciembre de 2008, y sobre todo porque este jubileo quiere ser importante para la posteridad.
El primer jubileo de Lourdes, en 1908, fue marcado por un momento de la historia francesa en la que el anticlericalismo era muy fuerte. Estaban todavía muy recientes la expulsión de religiosos, la separación de la Iglesia y del Estado, la nacionalización de los bienes de la Iglesia,... El orgullo científico estaba en su punto culminante, antes de estallar la guerra: fue la época de las exposiciones universales.
En este ambiente hubo manifestaciones públicas de las que el jubileo de 1908 se encargó hacer ver y oír, como las multitudes de Lourdes -a pesar de la ruina anunciada de la religión-, la unidad en torno al Papa y las curaciones milagrosas.
El centenario (1958) fue una gran historia para mi predecesor, Mons. Théas, obispo de Tarbes y Lourdes desde 1945. Parece ser que lo tenía pensado desde hacía tiempo. Lanzó con atrevimiento, dos proyectos de los que nos aprovechamos todavía.
Por una parte, pidió al abate Laurentin que escribiera la «verdadera» historia de las Apariciones, sometiendo los numerosos documentos a críticas rigurosas. El trabajo estuvo tan bien realizado, que desde entonces no ha tenido que ser revisado. Se le puede considerar como exhaustivo y definitivo, de no ser que se encuentren nuevos e improbables descubrimientos.
Por otra parte, Mons. Théas lanzó la construcción del enorme «refugio subterráneo», convertido en basílica San Pío X, para paliar las molestias del calor y de la lluvia. Cincuenta años después, el edificio es aún la admiración de los arquitectos y no da signos de envejecimiento.
Las perspectivas para 2008 son diferentes. El ambiente es diferente al de 1908 y no habrá un nuevo Laurentin, ni una nueva basílica.
La finalidad es de ser útil y, para ello, no hay que encerrarse en Lourdes sino que hay que preguntar: ¿cuál es la competencia de Lourdes entre las diferentes misiones de la Iglesia de nuestro tiempo? ¿Para qué puede servir Lourdes en la situación espiritual de nuestro tiempo? Si 1908 fue más bien apologético, 1958 histórico y arquitectural, 2008 será pastoral y dirigido hacia el porvenir. No solamente el porvenir de Lourdes, sino también el porvenir de la fe.
En esta orientación llego a una conclusión seleccionando doce misiones. Hemos preferido llamarlas de esta manera, mejor que «tema» (demasiado teórico) o «pilares» (demasiado estático). «Misión» tiene la ventaja que pertenece a la vez al lenguaje evangélico y al lenguaje corriente. Se le utiliza demasiado en el lenguaje administrativo, pero ¡qué importa! Nadie es perfecto, ni siquiera el vocabulario.
Hemos tomado como modelo al papa Juan Pablo II para mirar hacia el futuro. Para él, el jubileo del año 2000 tenía como finalidad hacer memoria de los dos primeros milenios del cristianismo, pero sobre todo, lo que quiso fue hacer entrar a la Iglesia en el tercer milenio, como dijo de él proféticamente el cardenal Wychinski cuando fue elegido Papa.
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