Nº 28:Bendita sea tu pureza


Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 28

Córdoba, octubre 2006


BENDITA SEA TU PUREZA


"En la primera parte de esta hermosa décima de la piedad mariana, se bendice a la Santísima Virgen en su pureza, como la Virgen pura por excelencia; y en quien, por eso, se complace en su tersura virginal.

El cristiano le ofrece a la Santísima Virgen el “alma, la vida, el corazón” a esta “celestial patrona”, en esta segunda parte de la décima, suplicándole finalmente que ella nos mire con compasión, y como Madre no nos abandone.

El Bendita sea tu pureza es otra oración que enaltece la pureza Virginal de María como objeto de las complacencias divinas. Y luego sigue un ofrecimiento o entrega total de alma, vida y corazón a nuestra divina Madre de la Pureza, para terminar con una súplica, que implora la mirada y la protección permanente de María a nuestra pureza de alma y cuerpo: “Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía”.

Esta hermosa décima ha sido tomada por nuestro folklore, que a cada verso consagra una décima entera, es decir, una poesía con diez décimas, cada una de las cuales termina repitiendo el verso respectivo de la décima central, tomado como tema.

Tal la devoción que esta hermosa décima mariana, consagrada a la pureza de la Virgen, y a la nuestra bajo su protección, ha tenido y sigue teniendo siempre en nuestro pueblo cristiano."


Mons.Octavio Derisi



Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea,
Pues todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada, María,
Yo te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
¡No me dejes, Madre mía!

Madre del amor hermoso
Y de la santa confianza,
En ti pongo mi esperanza,
Y espero quedar airoso.

Tú, que al dragón insidioso
Quebrantaste la cabeza,
Tú, torre de fortaleza
A la faz de mi enemigo,
Atiende lo que te digo:
Bendita sea tu pureza.

Hija hermosa del Excelso,
Y al mismo tiempo su esposa,
Primavera deliciosa
Que ahuyentas al torvo invierno.
Tú confundes al averno,
Tú admiras a Galilea,
Tú fuiste la bella hebrea
En quien el Verbo se hizo hombre.
Bendito sea tu nombre
Y eternamente lo sea.

Tú eres el huerto cerrado,
La hermosa fuente sellada,
En donde no tuvo entrada
Ni la sombra del pecado.
Así lo hubo decretado
La augusta y trina asamblea,
Que tan hermosa te hiciera,
Con tales gracias y tantas,
Que al mismo Creador encantas,
Pues todo un Dios se recrea.

Luna clara que iluminas
Mi noche caliginosa,
Mística y fragante rosa,
Y lirio entre las espinas.
Si constante me encaminas
Hacia el Dios de la pureza,
Tendré, Virgen, la certeza
De verme en tu compañía,
Viviendo un eterno día
En tan graciosa belleza.

Los espíritus alados,
Las aves, brutos y fieras,
Las colinas, las laderas,
Los altos montes nevados,
Los vientos alborotados,
El mar que la tierra besa,
El que en tu amor se embelesa,
Los ríos de arenas de oro,
Bendigan todos en coro,
A ti, celestial Princesa.

¡Dios te salve, Virgen pura,
Madre de grata memoria,
Llena de paz y de gloria
Reinas, Madre, en las alturas.
Cual ninguna criatura!
Tú tienes la primacía
Sobre toda jerarquía,
Y estás de Dios tan vecina
Que rayas casi en divina,
Virgen Sagrada María.

Salúdote reverente
Con el más profundo afecto,
Y al declararme imperfecto,
Y que mis culpas lamente,
Verás, oh Virgen clemente,
Abogada y Madre mía,
Que tomándote por guía
Y llorando mi pecado,
Un corazón humillado
Te ofrezco en este día.

Hermosa como la luna,
Escogida como el sol,
Rubia como el arrebol,
Agraciada cual ninguna.
No hubo existencia alguna
Para mí en la creación
-Ni la habrá, que es excepción-,
Tan grande, tan verdadera;
Y por lo tanto te diera
Alma, vida y corazón.

Soberana emperatriz,
Señora de cielo y tierra,
Cuya planta al diablo aterra
Y le pisa la cerviz.
Sólo tú fuiste feliz
Y pura en su concepción.
Por la gloriosa excepción
De la culpa original.
Madre pía, sin igual,
Mírame con compasión.

¡Oh Templo de Salomón,
Oh Arca del testamento,
Del cielo nuevo ornamento
Y de la tierra blasón!
No desdeñes mi oración,
Muéstrate conmigo pía,
Y en mi postrera agonía,
Cuando el infernal dragón
Intente mi perdición,
No me dejes, Madre mía!




Nuestra amiga Claudia Carrizo, de ADMA (Asociación de María Auxiliadora) nos ha acercado gentilmente esta otra bella versión:


A ti vengo Madre amada,
a celebrar tus fineza,
Y entusiasmado a decirte:
bendita sea tu pureza.

Aumentan mi regocijo
mil voces que la celebran,
todas a una cantando:
y eternamente lo sea.

¿Cómo no celebraré
tan admirable grandeza,
si en Vos, Virgen sin igual,
todo un Dios se recrea?

Invencible capitana,
de los hombres fortaleza,
todos mis amores tengo
en tan graciosa belleza.

En los celestes imperios
nunca de alabarte cesan
los ángeles que te aclaman
a Ti celestial Princesa.

En su destierro los hombres
todos juntos a ti miran;
no los dejes perecer,
Virgen Sagrada María.

Escucha el clamor del alma,
oye mi oración propicia
que mis lágrimas y penas
te ofrezco en este día.

Haz que mis ojos contemplen
el rostro santo de Dios,
pues a Ti consagro, Madre,
alma, vida y corazón.

Te invocaré mientras viva,
siempre con filial amor,
y cuando llegue mi muerte
mírame con compasión.

Y cuando al verme conozcas
que está acabando mi vida,
no me quieras olvidar,
no me dejes, Madre mía.

2 comentarios:

GRISELDA dijo...

SIMPLEMENTE HERMOSO.......

Fabiela Villani dijo...

Muchas gracias por tu comentario!!! Bendiciones!