N° 98: Consagración de Ucrania y Rusia al Inmaculado Corazón de María

 

25 de marzo de 2022

 

Oh María, Madre de Dios y Madre nuestra, nosotros, en esta hora de tribulación, recurrimos a ti. Tú eres nuestra Madre, nos amas y nos conoces, nada de lo que nos preocupa se te oculta. Madre de misericordia, muchas veces hemos experimentado tu ternura providente, tu presencia que nos devuelve la paz, porque tú siempre nos llevas a Jesús, Príncipe de la paz.

Nosotros hemos perdido la senda de la paz. Hemos olvidado la lección de las tragedias del siglo pasado, el sacrificio de millones de caídos en las guerras mundiales. Hemos desatendido los compromisos asumidos como Comunidad de Naciones y estamos traicionando los sueños de paz de los pueblos y las esperanzas de los jóvenes.

Nos hemos enfermado de avidez, nos hemos encerrado en intereses nacionalistas, nos hemos dejado endurecer por la indiferencia y paralizar por el egoísmo. Hemos preferido ignorar a Dios, convivir con nuestras falsedades, alimentar la agresividad, suprimir vidas y acumular armas, olvidándonos de que somos custodios de nuestro prójimo y de nuestra casa común.

 Hemos destrozado con la guerra el jardín de la tierra, hemos herido con el pecado el corazón de nuestro Padre, que nos quiere hermanos y hermanas. Nos hemos vuelto indiferentes a todos y a todo, menos a nosotros mismos. Y con vergüenza decimos: perdónanos, Señor.

En la miseria del pecado, en nuestros cansancios y fragilidades, en el misterio de la iniquidad del mal y de la guerra, tú, Madre Santa, nos recuerdas que Dios no nos abandona, sino que continúa mirándonos con amor, deseoso de perdonarnos y levantarnos de nuevo. Es Él quien te ha entregado a nosotros y ha puesto en tu Corazón inmaculado un refugio para la Iglesia y para la humanidad. Por su bondad divina estás con nosotros, e incluso en las vicisitudes más adversas de la historia nos conduces con ternura.

Por eso recurrimos a ti, llamamos a la puerta de tu Corazón, nosotros, tus hijos queridos que no te cansas jamás de visitar e invitar a la conversión.

 

En esta hora oscura, ven a socorrernos y consolarnos. Repite a cada uno de nosotros: “¿Acaso no estoy yo aquí, que soy tu Madre?”. Tú sabes cómo desatar los enredos de nuestro corazón y los nudos de nuestro tiempo. Ponemos nuestra confianza en ti. Estamos seguros de que tú, sobre todo en estos momentos de prueba, no desprecias nuestras súplicas y acudes en nuestro auxilio.

Así lo hiciste en Caná de Galilea, cuando apresuraste la hora de la intervención de Jesús e introdujiste su primer signo en el mundo. Cuando la fiesta se había convertido en tristeza le dijiste: «No tienen vino» (Jn 2,3).

Repíteselo otra vez a Dios, oh Madre, porque hoy hemos terminado el vino de la esperanza, se ha desvanecido la alegría, se ha aguado la fraternidad. Hemos perdido la humanidad, hemos estropeado la paz. Nos hemos vuelto capaces de todo tipo de violencia y destrucción. Necesitamos urgentemente tu ayuda materna.

 

Acoge, oh Madre, nuestra súplica.

Tú, estrella del mar, no nos dejes naufragar en la tormenta de la guerra.

Tú, arca de la nueva alianza, inspira proyectos y caminos de reconciliación.

Tú, “tierra del Cielo”, vuelve a traer la armonía de Dios al mundo.

Extingue el odio, aplaca la venganza, enséñanos a perdonar.

Líbranos de la guerra, preserva al mundo de la amenaza nuclear.

Reina del Rosario, despierta en nosotros la necesidad de orar y de amar.  

Reina de la familia humana, muestra a los pueblos la senda de la fraternidad.

Reina de la paz, obtén para el mundo la paz.

Que tu llanto, oh Madre, conmueva nuestros corazones endurecidos.

Que las lágrimas que has derramado por nosotros hagan florecer este valle que nuestro odio ha secado. Y mientras el ruido de las armas no enmudece, que tu oración nos disponga a la paz.

Que tus manos maternas acaricien a los que sufren y huyen bajo el peso de las bombas.

Que tu abrazo materno consuele a los que se ven obligados a dejar sus hogares y su país.

Que tu Corazón afligido nos mueva a la compasión, nos impulse a abrir puertas y a hacernos cargo de la humanidad herida y descartada.

 

Santa Madre de Dios, mientras estabas al pie de la cruz, Jesús, viendo al discípulo junto a ti, te dijo: «Ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26), y así nos encomendó a ti. Después dijo al discípulo, a cada uno de nosotros: «Ahí tienes a tu madre» (v. 27).

Madre, queremos acogerte ahora en nuestra vida y en nuestra historia. En esta hora la humanidad, agotada y abrumada, está contigo al pie de la cruz. Y necesita encomendarse a ti, consagrarse a Cristo a través de ti.

El pueblo ucraniano y el pueblo ruso, que te veneran con amor, recurren a ti, mientras tu Corazón palpita por ellos y por todos los pueblos diezmados a causa de la guerra, el hambre, las injusticias y la miseria.

Por eso, Madre de Dios y nuestra, nosotros solemnemente encomendamos y consagramos a tu Corazón inmaculado nuestras personas, la Iglesia y la humanidad entera, de manera especial Rusia y Ucrania.

Acoge este acto nuestro que realizamos con confianza y amor, haz que cese la guerra, provee al mundo de paz. El “sí” que brotó de tu Corazón abrió las puertas de la historia al Príncipe de la paz; confiamos que, por medio de tu Corazón, la paz llegará.

A ti, pues, te consagramos el futuro de toda la familia humana, las necesidades y las aspiraciones de los pueblos, las angustias y las esperanzas del mundo.

Que a través de ti la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas. Mujer del sí, sobre la que descendió el Espíritu Santo, vuelve a traernos la armonía de Dios.

Tú que eres “fuente viva de esperanza”, disipa la sequedad de nuestros corazones. Tú que has tejido la humanidad de Jesús, haz de nosotros constructores de comunión. Tú que has recorrido nuestros caminos, guíanos por sendas de paz. Amén.

 

N°90: Los iconos de la Resurrección

 Una Contemplación Orante de los Iconos de la Resurrección

Plática de Fr. Marco Foschiatti, op




¿Qué es lo que hoy sucede? Un gran silencio envuelve la tierra; un gran silencio porque el Rey duerme. «La tierra temió sobrecogida» porque Dios se durmió en la carne y ha despertado a los que dormían desde antiguo. Dios en la carne ha muerto y el Abismo ha despertado.
Va a buscar a nuestro primer padre como si fuera la oveja perdida. Quiere absolutamente visitar «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte». El, que es al mismo tiempo Hijo de Dios, hijo de Eva, va a librar de su prisión y de sus dolores a Adán y a Eva.
El Señor, teniendo en sus manos las armas vencedoras de la cruz, se acerca a ellos. Al verlo nuestro primer padre Adán, asombrado por tan gran acontecimiento, exclama y dice a todos: Mi Señor esté con todos. Y Cristo, respondiendo, dice a Adán: Y con tu espíritu. Y tomándolo por la mano le añade: «Despierta tú que duermes, levántate de entre los muertos y Cristo será tu luz».
                                



“Yo soy tu Dios que por ti y por todos los que han de nacer de ti me he hecho tu hijo; y ahora te digo: tengo el poder de anunciar a los que están encadenados: Salid; y a los que se encuentran en las tinieblas: iluminaos; y a los que dormís: levantaos.
A ti te mando: «despierta tú que duermes», pues no te creé para que permanezcas cautivo en el Abismo; «levántate de entre los muertos», pues yo soy la vida de los muertos. Levántate, obra de mis manos; levántate, imagen mía, creado a mi semejanza. Levántate, salgamos de aquí porque tú en mí, y yo en ti, formamos una sola e indivisible persona.
Por ti yo, tu Dios, me he hecho tu hijo; por ti yo, tu Señor, he revestido tu condición servil; por ti yo, que estoy sobre los cielos, he venido a la tierra y he bajado al Abismo; por ti me he hecho hombre, «semejante a un inválido que tiene su cama entre los muertos»; por ti que fuiste expulsado del huerto he sido entregado a los judíos en el huerto, y en el huerto he sido crucificado. Contempla los salivazos de mi cara que he soportado para devolverte tu primer aliento de vida; contempla los golpes de mis mejillas que he soportado para reformar de acuerdo con mi imagen tu imagen deformada.
Contempla los azotes en mis espaldas que he aceptado para aliviarte del peso de los pecados que habían sido cargados sobre tu espalda. Contempla los clavos que me han sujetado fuertemente al madero; por ti los he aceptado, que maliciosamente extendiste una mano al árbol.”




                      
    
 “Dormí en la cruz y la lanza atravesó mi costado por ti, que en el paraíso dormiste y de tu costado diste origen a Eva. Mi costado ha curado el dolor del costado. Mi sueño te saca del sueño del Abismo. Mi lanza eliminó aquella espada que te amenazaba en el paraíso.
Levántate, salgamos de aquí. El enemigo te sacó del paraíso; yo te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celeste. Te prohibí que comieras del árbol de la vida, que no era sino imagen del verdadero árbol; yo soy el verdadero árbol, yo que soy la vida y que estoy unido a ti. Coloqué un querubín que fielmente te vigilará; ahora te concedo que el querubín, reconociendo tu dignidad, te sirva.
El trono de los querubines está preparado, los portadores atentos y preparados, el tálamo construido, los alimentos prestos, se han embellecido los eternos tabernáculos y las moradas, los tesoros abiertos y el reino de los cielos que existe antes de los siglos está preparado.”
De una homilía antigua sobre el grande y santo Sábado (PG 43, 439. 451. 462-463)



"Que tu lengua, mujer, proclame públicamente estas cosas y las haga conocer a los hijos del reino que están esperando que me levante yo que soy el viviente. He encontrado en ti la trompeta con un sonido poderoso. Haz escuchar a los oídos de los discípulos miedosos y escondidos un canto de paz. Despiértalos como de un sueño para que puedan salir a mi encuentro con las antorchas encendidas. Diles: El Esposo se ha despertado y ha salido del sepulcro sin dejar nada allí dentro. Despejad, apóstoles, vuestra tristeza mortal, porque se ha despertado el que a los caídos da la resurrección."
Poema de San Romano, el Melode. (liturgia Bizantina)




"Sepulcro santo, pequeño e inmenso a la vez, pobre y rico. Tesoro de la vida, lugar de la paz, estandarte de la alegría, sepulcro de Cristo. Monumento de uno solo y gloria del universo."
A los Apóstoles dan la buena noticia con un anuncio cuajado de ternura, de comprensión, de entusiasmo que contagia: "Con una mezcla de temor y de gozo, como enseña el Evangelio, regresaron del sepulcro adonde estaban los Apóstoles y les dijeron: Por qué tanta tristeza? Por qué os cubrís el rostro? Levantad vuestros corazones: Cristo ha resucitado! Formemos coros para danzar y decid con nosotras: El Señor ha vuelto a la vida." He aquí la luz que brilla antes de la aurora. No os entristezcáis. Reverdeced!
Ha aparecido la primavera. Cubríos de flores, oh ramos. Tenéis que ser portadores de frutos, no de penas. Aplaudamos todos con nuestras manos cantando: "Ha vuelto a la vida el que a los caídos da la resurrección."
Poema de Romano el Melode, sobre las mujeres miróforas. Lliturgia bizantina)


Stichirás de la Resurrección
(Se cantaron siempre en griego delante del Papa en Roma para expresar la comunión y la unidad de Oriente y Occidente en la fe de la Resurrección y para expresar ante Pedro la verdad del Señor Resucitado)

“Que se levante Dios y sean dispersados sus enemigos!
Una Pascua divina hoy se nos ha revelado
Pascua nueva y santa, Pascua misteriosa.
La Pascua solemnísima de Cristo Redentor.
Pascua inmaculada y grande, Pascua de los fieles
Pascua que abre las puertas del Paraíso
Pascua que santifica a todos los cristianos.
Mujeres evangelistas, levantaos
dejad la visión e id a anunciar a Sión:
Recibe el anuncio de alegría:
Cristo ha resucitado!
Alégrate, danza, exulta Jerusalén
y contempla a Cristo tu Rey
que sale del sepulcro como un Esposo.
Las mujeres miróforas, con la luz del alba
fueron al sepulcro del Autor de la vida
y encontraron a un ángel sentado sobre la piedra.
Dirigiéndose a ellas les decía así:
Por qué buscáis al Viviente entre los muertos?
¿Por qué lloráis al Incorruptible
como si hubiese caído en la corrupción?
Id y anunciad a sus discípulos:
Cristo ha resucitado de entre los muertos.
Pascua dulcísima, Pascua del Señor, ¡Pascua!
Una Pascua santísima se nos ha dado
Es Pascua. Abracémonos mutuamente.
Tú eres la Pascua que destruyes la tristeza!
Porque hoy Cristo Jesús, sale resplandeciente
y abandona la tumba con un tálamo
ha llenado de gozo a las mujeres diciéndoles:
Llevad este anuncio a mis apóstoles.
Día de la Resurrección
Resplandezcamos de gozo por esta fiesta
Abracémonos, hermanos, mutuamente.
Llamemos hermanos nuestros incluso a los que nos odian
y perdonemos todo por la resurrección
y cantemos así nuestra alegría:
Cristo ha resucitado de entre los muertos
con su muerte ha vencido a la muerte
y a los que estaban muertos en los sepulcros
les ha dado la vida.
Cristo ha resucitado!
En verdad ha resucitado!

N° 75: Peregrinación del Santo Rosario: de Prulla a Fátima

 


El 7 de noviembre de 2015, día de la apertura del Jubileo, el Maestro de la Orden bendecirá algunos “rosarios peregrinos” que serán enviados a todos los monasterios de monjas dominicas  en los diferentes continentes. Dichos rosarios serán un símbolo de comunión para toda la Familia Dominicana en oración. Un calendario del Jubileo asignará dos días a cada monasterio, en los que éste podrá invitar a la Familia Dominicana local a orar con el Santo Rosario, de modo que formemos una cadena continua de oración a lo largo del año jubilar, comenzando en Prulla y terminando en Fátima, luego de viajar por el mundo entero. En esos dos días asignados, cada monasterio se convertirá en el “centro del mundo” del Rosario, y gozará de completa libertad para organizar ese tiempo de oración.

 

En nuestro país, el Cronograma del Rosario peregrino es el siguiente:

 

fecha

Monaterio

Localidad

30/11-1/12/2015

Madre de Dios

Santiago del Estero

18-19/12/2015

Sta. Catalina de Siena

San Justo, Bs.As

10-12/1/2016

Inmaculada del Valle

Catamarca

29-30/2/2016

San Alberto Magno

Lavalle, Corrientes

5-6/5/2016

Inmaculada Concepción

Concepción, Tucumán

13-14/8/2016

Sta. Catalina de Siena

Córdoba

23-24/10/2016

N. Sra. del Rosario

Mendoza

 

Además, para cada mes del año jubilar habrá un día dedicado a una intención particular que vincule liturgia y apostolados. Éstas son las fechas y la intención que les corresponde:


 

fecha

Intención

7/11/2015

Apertura del Jubileo - Oración para confiar el Jubileo

22/12/2015

Aniversario de la aprobación de la Orden- Oración por las vocaciones en la Orden

17/1/2016

La huida a Egipto - Oración por los emigrantes y refugiados

11/2

Día mundial de los enfermos - Oración por los enfermos y los que los cuidan

19/3

Cuaresma - "Liberen a los cautivos" - Oración por los presos

3/4

Domingo de la misericordia - Oración por las personas en fin de vida

8/5

Nuestra Señora, patrona de la Orden - Oración por los miembros sufrientes de la Orden

8/6

Beatas Diana y Cecilia - Oración por las monjas de la Orden

4/7

Beato Pier Giorgio Frassati - Oración por la Jornada Mundial de la Juventud

22/8

María Reina - Oración con otras Órdenes

8/9

Natividad de Nuestra Señora - Oración por los profesores y los estudiantes

7/10

Nuestra Señora del Rosario - Oración por la paz

20/11

Cristo Rey - Oración por los líderes y superiores

12/12

Nuestra Señora de Guadalupe - Oración por los niños por nacer y las familias

21/1/2017

Clausura del Jubileo - Oración en acción de gracias por el Jubileo

 

Oración por el Jubileo Dominicano

 

Dios Padre de misericordia,

que llamaste a tu servidor Domingo de Guzmán

a ponerse en camino en la fe

como peregrino itinerante y predicador de la gracia,

al prepararnos a celebrar el Jubileo de la Orden,

te pedimos que infundas de nuevo en nosotros

el Espíritu de Cristo Resucitado,

para que podamos proclamar con fidelidad y alegría

el Evangelio de la paz,

por Jesucristo nuestro Señor.

Amén.

 

 

N° 80: Via Crucis de la Misericordia

 




Fragmentos del libro “La Misericordia Divina en sus obras”

del Beato Miguel Sopocko, confesor y director espiritual de Santa Faustina

 

 

I- Jesús condenado a muerte

Me avergüenza, Señor, ponerme delante de Tu santo semblante, porque me parezco tan poco a Ti. En la flagelación sufriste tanto por mí que tan sólo ese dolor te hubiera matado si no fuera por la voluntad y la sentencia del Padre Celestial que debías morir en la cruz. Y para mí es difícil aguantar las pequeñas infracciones e imperfecciones de los miembros de mi familia y del prójimo. Tú, por misericordia, derramaste tanta sangre por mí. Y para mí cada ofrecimiento y cada sacrificio por el prójimo es duro. Tú, con paciencia inefable y callando, aguantaste el dolor de la flagelación, y yo me quejo y gimo cuando me toca soportar por Ti algún dolor o desprecio por parte del prójimo.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


II- Jesús carga con la cruz

Con profunda compasión voy a seguir a Jesús. Voy a soportar con paciencia ese disgusto para dar homenaje a Su camino al Gólgota. Si va a morir por mí, si por mis pecados sufre....¿Cómo puedo estar indiferente?

No quieres Señor que lleve contigo Tu pesada cruz, sino que aguante diariamente, con paciencia mis pequeñas cruces. Pero hasta ahora no lo he hecho. Me apena esa pusilanimidad e ingratitud mía. Decido recibir con confianza y aguantar con amor todo lo que pongas sobre mí por Tu misericordia.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


III- Jesús cae por primera vez

Llevaste Señor una carga terrible: los pecados de todo el mundo, de todos los tiempos. Por eso se agotan Tus fuerzas. No puedes seguir con esta carga que Te hace caer. Cordero de Dios, que por Tu misericordia liberas el mundo del pecado con el peso de la cruz, desembarázame de la pesada carga de mis pecados, y enciende el fuego de Tu amor, para que su llama nunca muera.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


IV- Jesús encuentra a su Madre

Madre Santísima, Madre Virgen, haz que me contagie del dolor de Tu alma. Madre Dolorosa, tú que sigues el mismo camino por el que caminó Tu amadísimo Hijo, el camino de la humillación, del menosprecio y la maldición, grábame en Tu Corazón Inmaculado y, como Madre de Misericordia, concédeme la gracia necesaria para que, siguiendo a Jesús y a Ti, no me abata en este espinoso camino de Calvario que la Misericordia Divina destinó también para mí.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


V- Simón el Cireneo le ayuda a llevar la cruz

Igual que para Simón, para mí también la cruz es una cosa desagradable. Por naturaleza la rehúyo, pero las circunstancias me obligan a acostumbrarme a ella.

Desde ahora voy a tratar de llevar mi cruz imitando a Cristo. Voy a llevar la cruz por mis pecados, por los de los otros, por las almas que sufren en el purgatorio, imitando al misericordioso Salvador. Voy a hacer el camino de Cristo, y lo seguiré aunque me rodeara una multitud de gente enemiga, burlándose de mí.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


VI- La Verónica limpia el rostro de Jesús

Jesús ya no sufre más, por eso no puedo darle un velo para limpiar el sudor y la sangre. Mas el sufriente Salvador sigue viviendo en Su cuerpo místico, en sus hermanos cargados con la cruz, en los enfermos, agonizantes, pobres, necesitados, a los que les falta un paño para secarse el sudor. Si Él dijo: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos,

lo hicieron conmigo”, voy a ponerme al lado de un enfermo o un agonizante con verdadero amor y paciencia para secarle el sudor, para fortalecerle y consolarle.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


VII- Jesús cae por segunda vez

Señor, ¿cómo puedes tolerarme a mí, pecador que te ofendo innumerables veces con mis pecados cotidianos? Por la grandeza de Tu misericordia todavía sigues esperando que me corrija. Ilumíname Señor con la luz de Tu gracia para que conozca todos mis errores y malas inclinaciones que causaron que volvieras a caer bajo la cruz, para que desde ahora las extirpe sistemáticamente. Sin Tu gracia no puedo librarme de ellos.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza


VIII-Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús

Hay también para mí un tiempo de misericordia, pero limitado. Después de ese tiempo será la hora de la justicia. Estoy cargado de muchas culpas, me estoy marchitando y el temor me consume, pero voy a seguir los pasos de Jesús, me arrepentiré y haré sincera penitencia. A ello me estimula la infinita misericordia de Jesús que cambió su corona de gloria por la corona de espinas; salió a buscarme, y al encontrarme, me abrazó a su corazón.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.

 

IX- Jesús cae por tercera vez

¡Por mí sufre Jesús; por mí cae bajo la cruz! ¿Dónde estaría hoy sin este sufrimiento del Salvador? Todo lo que tenemos y somos lo debemos solamente a la Pasión de Jesucristo. El cargar con nuestra cruz no significa nada sin la gracia. Solamente Su pasión hace nuestro arrepentimiento merecedor y la penitencia eficaz. Sólo la misericordia, revelada en su triple caída, es la garantía de mi salvación.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


X- Jesús es despojado de sus vestiduras

En este terrible misterio estuvo presente la Santísima Madre que lo vio todo, lo escuchó todo y lo miró todo con atención. No podemos siquiera imaginar el dolor interior por el que pasó viendo a Su Hijo profundamente avergonzado en la sangrienta desnudez, probando una amarga bebida en la que yo también vertí amargura. Desde este momento quiero y decido, con ayuda de la gracia Divina, practicar una sabia mortificación, para que la desnudez de mi alma no ofenda a Jesús ni a Su Madre Inmaculada.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


XI- Jesús es clavado en la cruz

Pongamos el pensamiento en el Gólgota bajo la cruz de Jesús, y meditemos sobre esa terrible escena: entre el cielo y la tierra está colgado el Salvador; en las afueras de la ciudad, rechazado por su gente, está colgado como un delincuente, entre otros delincuentes, como imagen de miseria, desamparo y dolor. Sin embargo, Él se parece a un jefe militar que conquista las naciones, no con espada y armas para destruirlas, sino con la cruz para salvarlas. Porque la cruz del Salvador es la herramienta de la gloria de Dios, de la justicia y de la infinita misericordia.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza


XII-Jesús muere en la cruz

Nadie presenció ese acto de sacrificio con sentimientos y pensamientos tan maravillosos y adecuados como los de la Madre de la Misericordia. Tal como durante la concepción y el nacimiento sustituía a toda la humanidad, adorando y amando ardientemente al Señor de los Cielos, también ante la muerte de Su Hijo adoraba el cuerpo inerte, sufría su perdida, pero a la vez no se olvidaba de Sus hijos adoptivos, cuyos representantes son San Juan Apóstol y el recién convertido criminal por el cual había intercedido ante Su Hijo. Intercede por mi también, oh Madre de Misericordia; acuérdate de mí cuando agonizando, encomiende mi alma al Padre.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza


XIII- El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz

Misericordioso Salvador, ¿qué corazón resistirá la cautivadora elocuencia con la que nos hablas con las innumerables heridas de Tu cuerpo muerto, que reposa en el seno de Tu Madre Dolorosa? Cada acción Tuya hubiera bastado como propiciación y reparación de las ofensas. En cambio, elegiste esa manera de Redención para resaltar el gran valor de muestra alma y Tu inagotable misericordia, para que incluso el mayor pecador pueda venir a Ti con confianza, y arrepentido, recibir perdón como lo recibió el criminal agonizante.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.


XIV - El Cuerpo de Jesús es colocado en el sepulcro

Madre de Misericordia, me elegiste para que fuera tu hijo y hermano de Jesús, por quien lloras tras ponerle en el sepulcro. No hagas caso de mi debilidad, inestabilidad y dejadez por las que lloro sin cesar y a las que renuncio constantemente. Pero acuérdate de la voluntad de Jesús que me había confiado a Ti. Cumple pues Tu misión en cuanto a mí, y por desmerecedor que sea, dame las gracias del Salvador que mi debilidad necesita. Sé para mí siempre la Madre de Misericordia.

Señor, ayúdame a seguirte con confianza.