Fragmentos del
libro “La Misericordia Divina en sus obras”
del Beato Miguel
Sopocko, confesor y director espiritual de Santa Faustina
I- Jesús condenado a muerte
Me avergüenza, Señor, ponerme delante de
Tu santo semblante, porque me parezco tan poco a Ti. En la flagelación sufriste
tanto por mí que tan sólo ese dolor te hubiera matado si no fuera por la
voluntad y la sentencia del Padre Celestial que debías morir en la cruz. Y para
mí es difícil aguantar las pequeñas infracciones e imperfecciones de los
miembros de mi familia y del prójimo. Tú, por misericordia, derramaste tanta
sangre por mí. Y para mí cada ofrecimiento y cada sacrificio por el prójimo es
duro. Tú, con paciencia inefable y callando, aguantaste el dolor de la
flagelación, y yo me quejo y gimo cuando me toca soportar por Ti algún dolor o
desprecio por parte del prójimo.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
II- Jesús carga con la cruz
Con profunda compasión voy a seguir a
Jesús. Voy a soportar con paciencia ese disgusto para dar homenaje a Su camino
al Gólgota. Si va a morir por mí, si por mis pecados sufre....¿Cómo puedo estar
indiferente?
No quieres Señor que lleve contigo Tu
pesada cruz, sino que aguante diariamente, con paciencia mis pequeñas cruces.
Pero hasta ahora no lo he hecho. Me apena esa pusilanimidad e ingratitud mía. Decido
recibir con confianza y aguantar con amor todo lo que pongas sobre mí por Tu
misericordia.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
III- Jesús cae por primera vez
Llevaste Señor una carga terrible: los
pecados de todo el mundo, de todos los tiempos. Por eso se agotan Tus fuerzas.
No puedes seguir con esta carga que Te hace caer. Cordero de Dios, que por Tu
misericordia liberas el mundo del pecado con el peso de la cruz, desembarázame
de la pesada carga de mis pecados, y enciende el fuego de Tu amor, para que su
llama nunca muera.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
IV-
Jesús encuentra a su Madre
Madre Santísima, Madre Virgen, haz que me contagie del dolor de Tu alma. Madre Dolorosa, tú que sigues el mismo camino por el que caminó Tu amadísimo Hijo, el camino de la humillación, del menosprecio y la maldición, grábame en Tu Corazón Inmaculado y, como Madre de Misericordia, concédeme la gracia necesaria para que, siguiendo a Jesús y a Ti, no me abata en este espinoso camino de Calvario que la Misericordia Divina destinó también para mí.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
V- Simón el Cireneo le ayuda a llevar la cruz
Igual que para Simón, para mí también la cruz es una cosa desagradable. Por naturaleza la rehúyo, pero las circunstancias me obligan a acostumbrarme a ella.
Desde ahora voy a tratar de llevar mi cruz
imitando a Cristo. Voy a llevar la cruz por mis pecados, por los de los otros,
por las almas que sufren en el purgatorio, imitando al misericordioso Salvador.
Voy a hacer el camino de Cristo, y lo seguiré aunque me rodeara una multitud de
gente enemiga, burlándose de mí.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
VI- La Verónica limpia el rostro de Jesús
Jesús ya no sufre más, por eso no puedo darle un velo para limpiar el sudor y la sangre. Mas el sufriente Salvador sigue viviendo en Su cuerpo místico, en sus hermanos cargados con la cruz, en los enfermos, agonizantes, pobres, necesitados, a los que les falta un paño para secarse el sudor. Si Él dijo: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos,
lo hicieron conmigo”, voy a ponerme al
lado de un enfermo o un agonizante con verdadero amor y paciencia para secarle
el sudor, para fortalecerle y consolarle.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
VII- Jesús cae por segunda vez
Señor, ¿cómo puedes tolerarme a mí,
pecador que te ofendo innumerables veces con mis pecados cotidianos? Por la
grandeza de Tu misericordia todavía sigues esperando que me corrija. Ilumíname
Señor con la luz de Tu gracia para que conozca todos mis errores y malas
inclinaciones que causaron que volvieras a caer bajo la cruz, para que desde
ahora las extirpe sistemáticamente. Sin Tu gracia no puedo librarme de ellos.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza
VIII-Las mujeres de Jerusalén lloran por Jesús
Hay también para mí un tiempo de
misericordia, pero limitado. Después de ese tiempo será la hora de la justicia.
Estoy cargado de muchas culpas, me estoy marchitando y el temor me consume,
pero voy a seguir los pasos de Jesús, me arrepentiré y haré sincera penitencia.
A ello me estimula la infinita misericordia de Jesús que cambió su corona de
gloria por la corona de espinas; salió a buscarme, y al encontrarme, me abrazó
a su corazón.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
IX- Jesús cae por tercera vez
¡Por mí sufre Jesús; por mí cae bajo la
cruz! ¿Dónde estaría hoy sin este sufrimiento del Salvador? Todo lo que tenemos
y somos lo debemos solamente a la Pasión de Jesucristo. El cargar con nuestra
cruz no significa nada sin la gracia. Solamente Su pasión hace nuestro
arrepentimiento merecedor y la penitencia eficaz. Sólo la misericordia,
revelada en su triple caída, es la garantía de mi salvación.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
X- Jesús es despojado de sus vestiduras
En este terrible misterio estuvo presente
la Santísima Madre que lo vio todo, lo escuchó todo y lo miró todo con
atención. No podemos siquiera imaginar el dolor interior por el que pasó viendo
a Su Hijo profundamente avergonzado en la sangrienta desnudez, probando una
amarga bebida en la que yo también vertí amargura. Desde este momento quiero y
decido, con ayuda de la gracia Divina, practicar una sabia mortificación, para
que la desnudez de mi alma no ofenda a Jesús ni a Su Madre Inmaculada.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
XI- Jesús es clavado en la cruz
Pongamos el pensamiento en el Gólgota bajo
la cruz de Jesús, y meditemos sobre esa terrible escena: entre el cielo y la
tierra está colgado el Salvador; en las afueras de la ciudad, rechazado por su
gente, está colgado como un delincuente, entre otros delincuentes, como imagen
de miseria, desamparo y dolor. Sin embargo, Él se parece a un jefe militar que
conquista las naciones, no con espada y armas para destruirlas, sino con la
cruz para salvarlas. Porque la cruz del Salvador es la herramienta de la gloria
de Dios, de la justicia y de la infinita misericordia.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza
XII-Jesús muere en la cruz
Nadie presenció ese acto de sacrificio con
sentimientos y pensamientos tan maravillosos y adecuados como los de la Madre
de la Misericordia. Tal como durante la concepción y el nacimiento sustituía a
toda la humanidad, adorando y amando ardientemente al Señor de los Cielos,
también ante la muerte de Su Hijo adoraba el cuerpo inerte, sufría su perdida,
pero a la vez no se olvidaba de Sus hijos adoptivos, cuyos representantes son
San Juan Apóstol y el recién convertido criminal por el cual había intercedido
ante Su Hijo. Intercede por mi también, oh Madre de Misericordia; acuérdate de
mí cuando agonizando, encomiende mi alma al Padre.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza
XIII- El cuerpo de Jesús es bajado de la cruz
Misericordioso Salvador, ¿qué corazón
resistirá la cautivadora elocuencia con la que nos hablas con las innumerables
heridas de Tu cuerpo muerto, que reposa en el seno de Tu Madre Dolorosa? Cada
acción Tuya hubiera bastado como propiciación y reparación de las ofensas. En
cambio, elegiste esa manera de Redención para resaltar el gran valor de muestra
alma y Tu inagotable misericordia, para que incluso el mayor pecador pueda
venir a Ti con confianza, y arrepentido, recibir perdón como lo recibió el
criminal agonizante.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.
XIV - El Cuerpo de Jesús es colocado en el sepulcro
Madre de Misericordia, me elegiste para
que fuera tu hijo y hermano de Jesús, por quien lloras tras ponerle en el
sepulcro. No hagas caso de mi debilidad, inestabilidad y dejadez por las que
lloro sin cesar y a las que renuncio constantemente. Pero acuérdate de la
voluntad de Jesús que me había confiado a Ti. Cumple pues Tu misión en cuanto a
mí, y por desmerecedor que sea, dame las gracias del Salvador que mi debilidad
necesita. Sé para mí siempre la Madre de Misericordia.
Señor, ayúdame a seguirte con confianza.

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