VIII Encuentro Nacional de Familia Dominicana “Ve
y Predica”
Meditación
para el rezo del Angelus
El Ángel del Señor
anunció a María
Y esta concibió
por obra del Espíritu Santo
Meditación:
Al
predicador le toca comunicar la verdad. Pero antes, ha de tener capacidad de
recibirla. En la recepción de la verdad, los oídos han de estar abiertos, dispuestos
a la escucha del anuncio. A imitación de María.
He
aquí la Esclava del Señor
Hágase
en mí según tu palabra
Meditación:
Domingo ora de día y ora
de noche. Su predicación es oración y su oración predicación. Es una vida con
dos vertientes que se juntan en la cima. En ese lugar de conjunción es donde se
sitúa la espiritualidad de Domingo. Es preciso entender y llevar a la práctica
la relación equilibrada entre oración y acción; entre silencio y predicación:
una espiritualidad de quien vive, goza y sufre con sus hermanos,-todos los
hombres- y está a su servicio para entregarles una Palabra escuchada, orada,
contemplada.
Y el Verbo se hizo carne
Y habitó entre nosotros
Meditación:
La
espiritualidad de Domingo es una espiritualidad de encarnación: desde los
hombres y para los hombres. Siendo un fraile de su tiempo - por lo tanto,
esencialmente contemplativo- las circunstancias le pusieron en contacto con una
humanidad doliente y extraviada, y esto dio forma nueva a su oración
insistente, en la que los pecadores estaban presentes. Como decía de Domingo el
beato Jordán: “todos los hombres cabían en la inmensa caridad de su corazón y,
amándolos a todos, de todos era amado."
Ruega
por nosotros, Santa Madre de Dios
Para
que seamos dignos de alcanzar las promesas de NSJ.
Meditación:
En relación con la devoción
mariana de Domingo hay una referencia muy elocuente en las primeras
constituciones de la Orden, elaboradas bajo la supervisión del santo. Al
comenzar el día, con el toque de campana para levantarse, lo primero que los
frailes han de rezar son los Maitines de la Virgen, de acuerdo con el tiempo
litúrgico; y al terminar Completas, antes de dormir, la Salve. Esta
recomendación pone de manifiesto la piedad que el santo quería inculcar a
aquellos hombres dedicados a la predicación de la Palabra de Dios: el primero y
último pensamiento del día estaba dedicado a la Madre de la Palabra.
Cántico:
Dios te salve
María Sagrada
Dios
te salve María, Sagrada
María,
Señora de nuestro camino.
Llena
eres de gracia, llamada entre todas
a
ser la Madre de Dios.
El
Señor es contigo y tú eres la sierva
dispuesta
a cumplir su misión.
Y
bendita tú eres, dichosa te llaman
a
ti, la escogida de Dios.
Y
bendito es el fruto que crece en tu vientre,
el
Mesías del Pueblo de Dios,
al
que tanto esperamos que nazca
y
que sea nuestro Rey.
María,
he mirado hacia el cielo
pensando
entre nubes tu rostro encontrar
y
al fin te encontré en un establo
entregando
la vida a Jesús Salvador.
María
he querido sentirte
entre
tantos milagros que cuentan de ti.
Y
al fin te encontré en mi camino
en
la misma vereda que yo.
Tenías
tu cuerpo cansado
a
un niño en los brazos durmiendo en tu paz.
María,
mujer que regalas la vida sin fin.
Tú
eres Santa María, eres nuestra Señora
porque
haces tan nuestro al Señor.
Eres
Madre de Dios, eres Virgen, la Madre,
y
madre de la humanidad.
Te
pedimos que ruegues por todos nosotros
heridos
de tanto pecar,
desde
hoy y hasta el día final
de
este peregrinar.
María,
he buscado tu imagen serena
vestida
entre mantos de luz,
y
al fin te encontré dolorosa
llorando
de pena a los pies de la cruz.
María
he querido sentirte
entre
tantos milagros que cuentan de ti
y
al fin te encontré en mi camino
en
la misma vereda que yo.
Tenías
tu cuerpo cansado
a
un niño en los brazos durmiendo en tu paz.
Dios
te salve María, Sagrada María,
Señora
de nuestro camino.

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