Nº 40: Madre de Dios de Fátima

HORA DE GUARDIA
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año V - Nº 40
Córdoba, 31 de diciembre de 2008








El icono de la Madre de Dios de Fátima: Misterio de la Luz que es Dios
Por el P. Alejandro Burgos 

Fuente: Arka Pana
Foro de discusión sobre arquitectura religiosa contemporánea 


La intensa relación que el mensaje de Fátima tiene con Rusia ha llevado ya a muchas personas a ayudar a difundir de diversos modos la devoción a esa advocación mariana en este país. El icono de la Madre de Dios de Fátima que ahora les presento quiere ser otra aportación para que Rusia salde la gran deuda de gratitud que tiene con la Virgen de Fátima. Es un símbolo que vuelve a expresar la predilección que Nuestra Señora tiene por Rusia, y que se manifestó muy especialmente en las apariciones del 13 de julio de 1917 en Fátima, y de junio de 1929 en Tuy, en las que la Virgen habló del futuro comunista de Rusia y de la desaparición de éste cuando el Papa consagrase Rusia a su Inmaculado Corazón. También sirve para recordar que, a causa de esas apariciones, millones de personas han rezado por Rusia durante decenios, lo que ha hecho que naciese en todo el orbe una corriente de amor y de oración hacia este país. La idea de realizar este icono surgió en el año 2000, durante un viaje a Moscú, pero sólo a finales del 2002 —cuando empecé a trabajar como sacerdote en Rusia— el proyecto comenzó a gestarse seriamente. Primero, pedí su parecer a sacerdotes, religiosas y fieles de San Petersburgo, quienes me animaron a ponerlo en práctica. Luego, durante varios meses, me dediqué a estudiar iconografía mariana, y también las diversas representaciones que hasta el momento se habían hecho de la Virgen de Fátima. Existen dos tipos principales de imágenes, que de hecho coinciden con las dos que Sor Lucía tenía en el anaquel de su habitación: la de Nuestra Señora de Fátima de la «capelinha», y la de la Manifestación del Inmaculado Corazón de María en Coimbra. Esta última es la que más ha influido en el icono, por ser la que me parecía más próxima a la iconografía mariana, y por que Rusia ha sido consagrada a su Inmaculado Corazón. Las dos representaciones tienen en común la forma alargada de la cara y de la imagen, las telas blancas —vestido y manto— de la Virgen, el rosario y la esfera que cuelga desde el pecho de Santa María, símbolos que se han conservado en el icono. De la imagen de Coimbra se ha tomado la cenefa que recorre el manto, así como la centralidad del corazón rodeado de espinas. Cuando ya tuve el proyecto pensado, escribí al carmelo de Coimbra para saber si a Sor Lucía le parecía bien. Me contestó la priora del monasterio, enviándome información y diciéndome que adelante. En ese momento, el padre Igor Chabanov me presentó al iconógrafo ortodoxo ruso Ivan Lvovich, que estaba dispuesto a realizarlo. Nos pusimos los dos a trabajar, con la idea de que si el icono resultaba del gusto de un sacerdote católico y de un iconógrafo ruso, habríamos conseguido nuestro objetivo. Desde entonces, Ivan Lvovich ha estudiado a fondo toda la literatura sobre Fátima, ha rezado, ha tenido varias enfermedades (dicen que un buen icono también debe estar purificado por el dolor), se ha planteado numerosas dificultades concretas durante su realización, y después de dos años de trabajo ha «escrito» este precioso icono de la Madre de Dios de Fátima. Durante el largo periodo de escritura del icono, Sor Lucía recibió en varias ocasiones fotografías que mostraban la evolución del proceso. Aunque la priora le enseñaba siempre las fotografías a Sor Lucía, luego me contestaba normalmente en plural —«nos gusta»—, y yo interpretaba con ello que en la respuesta se incluía a Sor Lucía, y seguía adelante. De todos modos, para asegurarme de que mi interpretación era la correcta, después de la muerte de Sor Lucía escribí a Sor María Celina, la priora de Coimbra, preguntándole: —«¿Puedo decir que a Sor Lucía le gustó el icono?» La respuesta a esta pregunta fue sí: a Sor Lucía le gustó lo que vio realizado del icono de Fátima. Lástima que falleciese antes de poder verlo terminado. Se trata de un icono grande, capaz de presidir una iglesia, en el que se representa a Nuestra Señora en forma de busto, como ocurre en los iconos marianos con veneración popular en Rusia, por ejemplo los de Vladimir o Kazán. Junto a eso, su característica principal es que se trata de una imagen llena de luz. La Virgen en Fátima estaba llena de luz, de una luz que —como decía Francisco— «es Dios». La Llena de Gracia es la Llena de Dios, y en Fátima es la Llena de Luz: una Señora más brillante que el sol. Este aspecto acerca mucho a Fátima a la teología del icono. Se dice que el primer icono que todo iconógrafo debe pintar es el de la Transfiguración, para aprender que mediante el resplandor de Dios reflejado en los vestidos blancos del Cristo ortodoxo transfigurado, el icono debe acercar el mundo divino a los hombres, la luz de Dios a la tierra. Eso mismo es lo que ocurre con la Virgen de Fátima. El icono lleva incorporado en su parte central un medallón con la palabra «sertse» (corazón) en caracteres paleoeslavos. Así propuso Ivan Lvovich salvar la dificultad que la sensibilidad ortodoxa tiene para colocar un corazón en un icono, pues lo considera algo demasiado carnal. Las letras, sin embargo, comunican la misma realidad —el Corazón de María— pero mediante un procedimiento de expresión simbólica acorde con la tradición iconográfica oriental. El corazón rodeado de espinas indica el amor que María tiene a los hombres y el dolor que le produce la poca correspondencia que éstos ofrecen al amor de Dios. El remedio a este dolor nos lo ofrece María en sus manos, que nos presentan un rosario al que el iconógrafo quiso dar un color violeta, para que así reflejase la idea de la cruz que todo cristiano debe aceptar para seguir al Señor. De este modo, el rosario teñido de violeta es como un resumen del mensaje de Fátima: oración y penitencia. En el icono, además de las tradicionales letras MR ZY que indican la maternidad divina de María, se han escrito dos inscripciones. La superior indica la titularidad del icono: imagen de la Santísima Virgen de Fátima. La inferior izquierda, en caracteres más grandes, dice «Toboiu edinstbo», que significa «En ti la unidad». Esta última expresión nos recuerda la vocación ecuménica del icono, que ha sido escrito aunando los esfuerzos de un sacerdote católico y un iconógrafo ortodoxo, intentando crear una imagen ante la que católicos y ortodoxos puedan rezar juntos. En ella se expresan dos ecumenismos importantes: el ecumenismo del Corazón de María y el ecumenismo del martirio, ambos muy relacionados con el mensaje de Fátima. Efectivamente, para todos los que vivimos en Rusia, resulta innegable que el amor a María nos une muy especialmente, así como es también manifiesto que en su corazón de Madre cabemos todos, y allí ya estamos unidos. Además, la llamada que el icono hace a la unidad está relacionada con el ecumenismo del martirio al que hace referencia el tercer misterio de Fátima, al relatarnos el martirio de la Iglesia durante el siglo XX. Si se conoce la historia de Rusia, y cómo en los gulags soviéticos ortodoxos y católicos sufrieron juntos el martirio, por primera vez convivido en amistad, nadie podrá dudar de que los mártires de la visión de los pastorcillos en Fátima incluyen a fieles de una y otra confesión. El icono de la Madre de Dios de Fátima quiere ser, en ese sentido, un servicio a la unidad de la Iglesia, en la persona de María, bajo la advocación de Fátima. Por último, conviene señalar que el icono será colocado en breve en la parroquia católica de San Juan Bautista de Tsarskoe Selo (Pushkin, San Petersburgo), pero el proyecto —si la Virgen quiere que el icono alcance la suficiente veneración— consistiría en construirle una pequeña capilla de madera que, a su vez, fuese el inicio del primer santuario dedicado a la Virgen de Fátima en Rusia.

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