N° 84: Via Crucis de la Misericordia


Por Mons. Dante Bernacki (Adaptación)



Oración inicial
Ilumina, Señor, nuestro corazón, para que podamos seguirte por el camino de la Cruz. Haz morir en nosotros el "hombre viejo", atado al egoísmo, al mal, al pecado, y haznos "hombres nuevos", hombres y mujeres santos, transformados y animados por tu amor.


I  Jesús es condenado 
Pilato prefiere contentar a la multitud y condenar al inocente.  Hay muchos modos de negar la dignidad del prójimo, mediante la difamación y la calumnia. Cada vez que lo hacemos estamos asumiendo nuevamente la actitud de Pilato y quienes condenaron a Jesús.

Por tu misericordia, aceptas ser condenado por todos nosotros. Jesús, que aprendamos a tener un corazón misericordioso como el tuyo, siempre dispuesto a perdonar.


II  Jesús carga con la Cruz
La Cruz es un instrumento de muerte. Jesús al abrazarla, la transforma en instrumento de Vida. El árbol del Paraíso, -que era para la vida-, por el pecado se transformó en causa de muerte. El Árbol de la Cruz, por Cristo, es manantial de Vida para todos los hombres. Por tu misericordia, abrazas el instrumento de tu muerte, para hacer de él fuente perpetua de vida eterna para nosotros.

Jesús, cargando con la Cruz, cargas con nuestras miserias y con nuestros pecados. Danos fuerza para apartarnos de todo aquello que nos aleja de ti.


III   Jesús  cae por primera vez
El primer Adán, con su caída, arrastró toda la humanidad al pecado y a la muerte. Cristo, el Nuevo Adán, cuando cae por tierra, nos muestra cuánto valemos para Él, y levantándose, nos anima a no quedarnos en situaciones de postración y desesperanza. Tu  misericordia, Jesús, es la fuerza que te anima para seguir tu camino hacia el Calvario. Cuando tu debilidad se hace presente,  tu amor muestra su fortaleza.

No nos abandones Jesús, cuando las fuerzas nos faltan. Que tu amor venga en auxilio de nuestra debilidad.


IV  Jesús se encuentra con su Madre 
Tu misericordia Jesús, se encuentra con el Corazón dolorido de tu Madre. María, la Nueva Eva, hace del camino del Calvario, compasión y acompañamiento de su Hijo. Él soporta el peso de la Cruz y la angustia de la Pasión. María, con su presencia, mitiga su dolor.

María, que te sintamos siempre cerca en las aflicciones de nuestras vidas, para no caer en desesperación.



V  El Cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz
Simón de Cirene, obligado a llevar la cruz por quienes arrastran  a Jesús para matarlo no sabe que su gesto quedará para siempre en la memoria de la fe, pues carga sobre sus hombros el signo de la misericordia.

Como el Cireneo, queremos ser auxilio de amor para nuestros hermanos, y que cuando necesitemos auxilio en nuestras vidas, tengamos, como Jesús, la humildad para recibirlo.


VI   La Verónica enjuga el rostro de Jesús
La Verónica, siente en su interior el impulso de la piedad y realiza esa simple pero valiente obra de enjugar el rostro de Jesús.

Que seamos capaces Señor, de acercarnos a quienes nos necesitan  para que, tendiendo una mano a quienes sufren,  en sus rostros enjuguemos el Tuyo.



VII   Jesús cae por segunda vez
Necesitamos, Jesús, que te levantes nuevamente: abismos en nuestros caminos nunca van a faltar, pero sabemos que con  el auxilio de tu gracia nos sostendrás en nuestra vacilación. Tu Corazón misericordioso nos muestra que en la perseverancia está la clave de la santidad. No importan las caídas, lo bueno es que sepamos continuar el camino de la fidelidad a tu Palabra.

Danos Jesús la fortaleza, virtud indispensable para no bajar nuestros brazos, especialmente cuando aparecen las dificultades.



VIII   Jesús consuela a las mujeres de jerusalén
Necesitado de consuelo, es Jesús quien toma la iniciativa de consolar a las mujeres que lloran desoladas,  lleva serenidad a sus miserias y a las de sus hijos y bendice con amor sus lágrimas. El Amor Misericordioso se vuelca en manantial para con aquellas madres que se conduelen en el camino de la Cruz.

Corazón de Jesús, que seamos compasivos con aquellos que encontramos heridos en nuestro camino.
 .


IX  Jesús cae por tercera vez
La Santísima Humanidad del Señor cae nuevamente por tierra. Quiere llegar hasta la humillación total. Bendice con su Sangre el polvo de la tierra, y con el dolor de la caída, dulcifica el acoso de nuestros dolores. Tu misericordia, da al dolor valor de redención. 

Concede, Señor, a nuestras caídas, la gracia necesaria para poder superarlas en fidelidad y amor. Que tengamos esperanza, especialmente cuando sintamos el cansancio y la desazón.


X   Jesús es despojado de sus vestiduras
Desnudo nació a este mundo,  y así, despojado se va de él. Es nuestra condición la que Él asume, para que tomemos conciencia de la dignidad que nos quiere devolver. Su desnudez, es garantía de la vestidura de la gracia que el Padre celestial nos devuelve. Su humillación, es signo de la elevación del hombre sobre su nada y miseria. Su misericordia se muestra en asumir nuestra naturaleza herida, desnuda y humillada por el pecado.

Que no nos dejemos vencer por las humillaciones en nuestra vida, antes bien, que hagamos de ellas instrumento para unirnos a la Pasión del Señor.



XI   Jesús es clavado en la Cruz
El desenlace de la ignominia tiene lugar en el momento en que los martillos caen sobre los clavos que traspasan el cuerpo de Jesús. Su humanidad y su Cruz, forman una sola realidad, la del desposorio del Amor de Jesús con su Esposa la Iglesia. Elevado sobre la tierra, fijo al madero, atrae a todos hacia Él.

Tus manos misericordiosas, quedan fijadas en el abrazo sacrificial del Amor, invitando a todos al divino perdón. Danos confianza para acercarnos a tu Cruz, y dejar que tu Sangre se derrame, sanando y purificando las heridas de nuestras culpas.



XII   Jesús muere en la Cruz
Todo se ha cumplido. Él agotó el cáliz de la pasión, ahora despunta el día de la Salvación. El pecado y la muerte son vencidos por el sacrificio redentor, y queda la certeza de la infinita misericordia. Tu muerte Jesús, devela el amor del Padre que nos perdona, del Hijo que se entrega por todos nosotros y del Espíritu Santo, fruto maduro de tu Pascua.

En presencia de tu Santísima Humanidad, herida, traspasada y muerta en la Cruz, queremos sellar contigo el pacto del amor, por el cual te entregamos lo que somos y tenemos, para que seas nuestro Señor y Redentor.



XIII   El cuerpo de Jesús es bajado de la Cruz
En brazos de la Madre, está su Humanidad abatida, pero en el rostro dolorido de María destella la seguridad de la esperanza de la Pascua: en medio del crepúsculo del viernes, la promesa  del amanecer perpetuo de la Misericordia en tu Corazón que ha de resucitar.

Cuando el agobio en nuestro peregrinar se haga presente, que sea la esperanza, regalo de tu amor, la que nos siga sosteniendo.



XIV  El cuerpo de Jesús es sepultado
Ni siquiera la tumba le pertenecía: nada tenía, y nada se llevaba. Pero en poco tiempo los sellos de la muerte serían quebrados. Junto a tu sepulcro, Señor, el Corazón de tu Madre está velando. La Iglesia toda espera el momento de tu resurrección.

Señor Jesús, que nunca flaquee nuestra esperanza en tu promesa de abrirnos las puertas de la gloria.


Oración final
Señor,  tú no has conocido la corrupción. Has resucitado y has abierto el corazón de Dios a la carne transformada. Haz que podamos alegrarnos de esta esperanza y llevarla gozosamente al mundo, para ser de este modo testigos de tu resurrección.






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