Nº 41: Madre de Dios



HORA DE GUARDIA
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año V - Nº 41
Córdoba, 1 de enero de 2009

El Concilio de Éfeso, convocado en el año 431 por el Papa San Celestino I, y presidido por el Patriarca Cirilo de Alejandría, condenó la herejía cristológica y mariológica de Nestorio y proclamó la maternidad divina de María, la Theotokos. El símbolo de Éfeso precisa que las dos naturalezas, humana y divina de Cristo, están unidas sin confusión y por lo tanto María es verdaderamente Madre de Dios. Su fiesta se celebra el 1º de enero.


Alabanzas de la Madre de Dios
De la homilía de san Cirilo de Alejandría, obispo, pronunciada en el Concilio de Éfeso


Tengo ante mis ojos la asamblea de los santos padres, que, llenos de gozo y fervor, han acudido aquí, respondiendo con prontitud a la invitación de la santa Madre de Dios, la siempre Virgen María. Este espectáculo ha trocado en gozo la gran tristeza que antes me oprimía. Vemos realizadas en esta reunión aquellas hermosas palabras de David, el salmista: Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos.

Te saludamos, santa y misteriosa Trinidad, que nos has convocado a todos nosotros en esta iglesia de santa María, Madre de Dios.

Te saludamos, María, Madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre y virgen, por quien es llamado bendito, en los santos evangelios, el que viene en nombre del Señor.

Te saludamos, a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e inabarcable; a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se alegran los ángeles y arcángeles; por quien son puestos en fuga los demonios; por quien el diablo tentador cayó del cielo; por quien la criatura, caída en el pecado, es elevada al cielo; por quien toda la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el aceite de la alegría; por quien han sido fundamentadas las Iglesias en todo el orbe de la tierra; por quien todos los hombres son llamados a la conversión.

Y ¿qué más diré? Por ti, el Hijo unigénito de Dios ha iluminado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte; por ti, los profetas anunciaron las cosas futuras; por ti, los apóstoles predicaron la salvación a los gentiles; por ti, los muertos resucitan; por ti, reinan los reyes, por la santísima Trinidad.

¿Quién habrá que sea capaz de cantar como es debido las alabanzas de María? Ella es madre y virgen a la vez; ¡qué cosa tan admirable! Es una maravilla que me llena de estupor. ¿Quién ha oído jamás decir que le esté prohibido al constructor habitar en el mismo templo que él ha construido? ¿Quién podrá tachar de ignominia el hecho de que la sirviente sea adoptada como madre?

Mirad: hoy todo el mundo se alegra; quiera Dios que todos nosotros reverenciemos y adoremos la unidad, que rindamos un culto impregnado de santo temor a la Trinidad indivisa, al celebrar, con nuestras alabanzas, a María siempre Virgen, el templo santo de Dios, y a su Hijo y esposo inmaculado: porque a él pertenece la gloria por los siglos de los siglos. Amén.




Nº 40: Madre de Dios de Fátima














HORA DE GUARDIA
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año V - Nº 40
Córdoba, 31 de diciembre de 2008


El icono de la Madre de Dios de Fátima:
Misterio de la Luz que es Dios

Por el P. Alejandro Burgos

Fuente: Arka Pana
Foro de discusión sobre arquitectura religiosa contemporánea


La intensa relación que el mensaje de Fátima tiene con Rusia ha llevado ya a muchas personas a ayudar a difundir de diversos modos la devoción a esa advocación mariana en este país. El icono de la Madre de Dios de Fátima que ahora les presento quiere ser otra aportación para que Rusia salde la gran deuda de gratitud que tiene con la Virgen de Fátima. Es un símbolo que vuelve a expresar la predilección que Nuestra Señora tiene por Rusia, y que se manifestó muy especialmente en las apariciones del 13 de julio de 1917 en Fátima, y de junio de 1929 en Tuy, en las que la Virgen habló del futuro comunista de Rusia y de la desaparición de éste cuando el Papa consagrase Rusia a su Inmaculado Corazón. También sirve para recordar que, a causa de esas apariciones, millones de personas han rezado por Rusia durante decenios, lo que ha hecho que naciese en todo el orbe una corriente de amor y de oración hacia este país.


La idea de realizar este icono surgió en el año 2000, durante un viaje a Moscú, pero sólo a finales del 2002 —cuando empecé a trabajar como sacerdote en Rusia— el proyecto comenzó a gestarse seriamente. Primero, pedí su parecer a sacerdotes, religiosas y fieles de San Petersburgo, quienes me animaron a ponerlo en práctica. Luego, durante varios meses, me dediqué a estudiar iconografía mariana, y también las diversas representaciones que hasta el momento se habían hecho de la Virgen de Fátima.


Existen dos tipos principales de imágenes, que de hecho coinciden con las dos que Sor Lucía tenía en el anaquel de su habitación: la de Nuestra Señora de Fátima de la «capelinha», y la de la Manifestación del Inmaculado Corazón de María en Coimbra. Esta última es la que más ha influido en el icono, por ser la que me parecía más próxima a la iconografía mariana, y por que Rusia ha sido consagrada a su Inmaculado Corazón. Las dos representaciones tienen en común la forma alargada de la cara y de la imagen, las telas blancas —vestido y manto— de la Virgen, el rosario y la esfera que cuelga desde el pecho de Santa María, símbolos que se han conservado en el icono. De la imagen de Coimbra se ha tomado la cenefa que recorre el manto, así como la centralidad del corazón rodeado de espinas.

Cuando ya tuve el proyecto pensado, escribí al carmelo de Coimbra para saber si a Sor Lucía le parecía bien. Me contestó la priora del monasterio, enviándome información y diciéndome que adelante.


En ese momento, el padre Igor Chabanov me presentó al iconógrafo ortodoxo ruso Ivan Lvovich, que estaba dispuesto a realizarlo. Nos pusimos los dos a trabajar, con la idea de que si el icono resultaba del gusto de un sacerdote católico y de un iconógrafo ruso, habríamos conseguido nuestro objetivo. Desde entonces, Ivan Lvovich ha estudiado a fondo toda la literatura sobre Fátima, ha rezado, ha tenido varias enfermedades (dicen que un buen icono también debe estar purificado por el dolor), se ha planteado numerosas dificultades concretas durante su realización, y después de dos años de trabajo ha «escrito» este precioso icono de la Madre de Dios de Fátima.


Durante el largo periodo de escritura del icono, Sor Lucía recibió en varias ocasiones fotografías que mostraban la evolución del proceso. Aunque la priora le enseñaba siempre las fotografías a Sor Lucía, luego me contestaba normalmente en plural —«nos gusta»—, y yo interpretaba con ello que en la respuesta se incluía a Sor Lucía, y seguía adelante. De todos modos, para asegurarme de que mi interpretación era la correcta, después de la muerte de Sor Lucía escribí a Sor María Celina, la priora de Coimbra, preguntándole: —«¿Puedo decir que a Sor Lucía le gustó el icono?» La respuesta a esta pregunta fue sí: a Sor Lucía le gustó lo que vio realizado del icono de Fátima. Lástima que falleciese antes de poder verlo terminado.


Se trata de un icono grande, capaz de presidir una iglesia, en el que se representa a Nuestra Señora en forma de busto, como ocurre en los iconos marianos con veneración popular en Rusia, por ejemplo los de Vladimir o Kazán. Junto a eso, su característica principal es que se trata de una imagen llena de luz. La Virgen en Fátima estaba llena de luz, de una luz que —como decía Francisco— «es Dios». La Llena de Gracia es la Llena de Dios, y en Fátima es la Llena de Luz: una Señora más brillante que el sol. Este aspecto acerca mucho a Fátima a la teología del icono.

Se dice que el primer icono que todo iconógrafo debe pintar es el de la Transfiguración, para aprender que mediante el resplandor de Dios reflejado en los vestidos blancos del Cristo ortodoxo transfigurado, el icono debe acercar el mundo divino a los hombres, la luz de Dios a la tierra. Eso mismo es lo que ocurre con la Virgen de Fátima.


El icono lleva incorporado en su parte central un medallón con la palabra «sertse» (corazón) en caracteres paleoeslavos. Así propuso Ivan Lvovich salvar la dificultad que la sensibilidad ortodoxa tiene para colocar un corazón en un icono, pues lo considera algo demasiado carnal. Las letras, sin embargo, comunican la misma realidad —el Corazón de María— pero mediante un procedimiento de expresión simbólica acorde con la tradición iconográfica oriental. El corazón rodeado de espinas indica el amor que María tiene a los hombres y el dolor que le produce la poca correspondencia que éstos ofrecen al amor de Dios. El remedio a este dolor nos lo ofrece María en sus manos, que nos presentan un rosario al que el iconógrafo quiso dar un color violeta, para que así reflejase la idea de la cruz que todo cristiano debe aceptar para seguir al Señor. De este modo, el rosario teñido de violeta es como un resumen del mensaje de Fátima: oración y penitencia.

En el icono, además de las tradicionales letras MR ZY que indican la maternidad divina de María, se han escrito dos inscripciones. La superior indica la titularidad del icono: imagen de la Santísima Virgen de Fátima. La inferior izquierda, en caracteres más grandes, dice «Toboiu edinstbo», que significa «En ti la unidad».


Esta última expresión nos recuerda la vocación ecuménica del icono, que ha sido escrito aunando los esfuerzos de un sacerdote católico y un iconógrafo ortodoxo, intentando crear una imagen ante la que católicos y ortodoxos puedan rezar juntos. En ella se expresan dos ecumenismos importantes: el ecumenismo del Corazón de María y el ecumenismo del martirio, ambos muy relacionados con el mensaje de Fátima.

Efectivamente, para todos los que vivimos en Rusia, resulta innegable que el amor a María nos une muy especialmente, así como es también manifiesto que en su corazón de Madre cabemos todos, y allí ya estamos unidos. Además, la llamada que el icono hace a la unidad está relacionada con el ecumenismo del martirio al que hace referencia el tercer misterio de Fátima, al relatarnos el martirio de la Iglesia durante el siglo XX. Si se conoce la historia de Rusia, y cómo en los gulags soviéticos ortodoxos y católicos sufrieron juntos el martirio, por primera vez convivido en amistad, nadie podrá dudar de que los mártires de la visión de los pastorcillos en Fátima incluyen a fieles de una y otra confesión. El icono de la Madre de Dios de Fátima quiere ser, en ese sentido, un servicio a la unidad de la Iglesia, en la persona de María, bajo la advocación de Fátima.

Por último, conviene señalar que el icono será colocado en breve en la parroquia católica de San Juan Bautista de Tsarskoe Selo (Pushkin, San Petersburgo), pero el proyecto —si la Virgen quiere que el icono alcance la suficiente veneración— consistiría en construirle una pequeña capilla de madera que, a su vez, fuese el inicio del primer santuario dedicado a la Virgen de Fátima en Rusia.

Nº 39: La Mujer vestida de sol

Francisco Zurbarán (1598-1664)
HORA DE GUARDIA
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año V- Nº 39
Córdoba, 8 de diciembre de 2008

María la Inmaculada es la mujer vestida de sol del Apocalipsis
Fuente: El Observador


En el marco de la compleja y dilatada historia de la formación iconográfica de la Purísima hay varios momentos importantes.

La Inmaculada Concepción fue representada en primer lugar simbólica o alusivamente, mediante el abrazo de Ana y Joaquín ante la Puerta Dorada. En la Iglesia oriental y en la primera versión del arte occidental, la Inmaculada Concepción de la Virgen está asociada con el encuentro de sus padres, Ana y Joaquín, frente a la Puerta Dorada de Jerusalén. La Madre de Dios no habría sido concebida de manera natural, sino por medio de un beso en los labios. Esto se debe a que, según los teólogos medievales, no era posible la relación sexual totalmente desprovista de pecado, aunque fuera leve. Por ello, para considerar a María libre de todo pecado, no podía haber sido concebida de manera natural.

Hacia finales de la Edad Media apareció una representación novedosa del tema. La Virgen Inmaculada, enviada por Dios desde el cielo, desciende a la tierra. De pie sobre la luna, coronada de estrellas, extiende los brazos o une las manos sobre el pecho.

Las fuentes de esta representación son el Cantar de los Cantares y el Apocalipsis.

En primer lugar, la Inmaculada está asimilada a la novia del Cantar de los Cantares. Las metáforas bíblicas, popularizadas por las Letanías de la Virgen de Loreto, aparecen a su alrededor: el sol, la luna, la estrella del mar, el jardín cerrado, la fuente, el pozo de agua viva, el cedro del Líbano, el olivo, el lirio, la rosa, el espejo sin mancha, la Torre de David, la Ciudad de Dios, la Puerta del Cielo.

Los otros atributos de la Inmaculada están tomados del Apocalipsis (cap. 12). La luna, que nunca se representa llena, como en la Crucifixión, sino recortada en forma de creciente, evocaba la castidad de Diana. Después de la victoria de Lepanto, la cristiandad gustó interpretar el creciente de luna bajo los pies de la Virgen como un símbolo de la victoria de la cruz sobre la media luna turca.

Este tema apareció por primera vez en la iconografía del arte cristiano a fines del siglo XV: los emblemas de las letanías están representados en la catedral de Cahors, en la capilla de Notre Dame, que fue construida en 1484.

La leyenda Tota pulchra, que remite directamente a los versos del Cantar de los Cantares (Tota pulchra es amica mea, et macula non est in te, Toda eres hermosa, amiga mía; no hay tacha en ti), se interpreta como la firma de Dios en la creación de María: mientras que los pintores firman sus obras faciebat (usando el imperfecto, puesto que son verdaderamente obras imperfectas), Dios, por el contrario, firma con las palabras Tota pulchra, ya que lo que sale de su mano es perfecto.

En la historia de la formación iconográfica de la Inmaculada Concepción nos encontramos con otro momento crucial cuando la imagen de devoción se presenta como la concreción plástica de una visión, la de Juan en Patmos, descrita en el capítulo 12 del Apocalipsis.

La fórmula definitiva de la Inmaculada, que va a dominar a lo largo del siglo XVII, será la resultante de la conjunción del motivo Tota pulchra con el de la mujer vestida de sol del Apocalipsis.

El arte barroco del siglo XVII, por tanto, tiene el mérito de haber creado el tipo definitivo de la Inmaculada Concepción. Libre ya de todos los símbolos de las letanías, rodeada sólo por ángeles, sus pies aplastan a la serpiente tentadora, para recordar su victoria sobre el pecado original.

La España mística se apoderó de este tema y le imprimió la marca de su genio. Y consiguió hacer su propia versión. Tanto es así que no puede pensarse en la Inmaculada Concepción sin evocar las obras de Zurbarán, Ribera o Murillo.