Nº 29:La Virgen Negra

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 29

Córdoba, noviembre 2006


La Virgen Negra[1]
Por Witold R. Kopytinski

En Czestochowa (Polonia), existe una antigua iglesia y junto a ella, un convento de los padres Paulinos.

Dicho convento posee un retrato auténtico de la Santísima Virgen María, pintado por el evangelista San Lucas. El P. Alejandro Lazinski ha consignado en su libro “Milagros reales y confirmados recibidos de la Virgen de Czestochowa”[2], los datos precisos de la autenticidad del retrato.

San Lucas fue no sólo escritor y médico, sino también un buen pintor. Parece que las mujeres que acompañaban en sus últimos años a la Santísima Virgen, rogaron a San Lucas pintase el retrato de la misma, para que fuera conocida por todos los cristianos. San Lucas accedió y pintó el retrato sobre la madera de la mesa donde acostumbraba a trabajar la dulce Madre de Jesús.

La madera de tal mesa era de un árbol que crece en el cercano Oriente y se llama Tyllia Platyphylles. En un principio esa tabla era de una sola pieza, de 1,22 m de largo, por 0,85 m. de ancho y 3, 50 cm de espesor. A causa de la profanación que sufrió en 1430, está actualmente dividida en tres partes, aunque pegadas.

El patriarca Nicéforo de Constantinopla escribe: “San Lucas pintó este retrato en tiempos en que vivía la Santísima Virgen”.

Algo parecido escribió también Sixto de Séneca: “San Lucas-dice- después de terminar su Evangelio, pintó un retrato de la Santísima Virgen con la figura de Jesús Niño”.

Hasta el siglo IV no hubo ninguna pintura de la Santísima Virgen sino el retrato pintado por San Lucas. Después del Concilio de Efeso (431), en el cual se proclamó como dogma de fe la Maternidad Divina de María, muchos dibujantes y pintores se esmeraron en dibujar y pintar cuadros de la Señora, en base al retrato hecho por San Lucas.

Durante tres siglos permaneció el retrato bien escondido en Jerusalén, y no fue destruido en el año 70 cuando los romanos aniquilaron dicha ciudad. Vuelto de nuevo a la veneración de los fieles, fue regalado a la emperatriz Santa Elena, quien a su vez, hizo donación del mismo a su hijo el emperador Constantino el Grande.

Después del Concilio de Nicea (325) el citado emperador hizo construir una basílica en Constantinopla en honor de la Santísima Virgen Madre de Dios, en cuyo altar mayor colocó el retrato pintado por San Lucas, y allí permaneció durante cinco siglos.

Durante este tiempo fue muy venerado por los cristianos de la ciudad y de todos los que hasta ella llegaban, obrando el Señor por su intermedio muchos milagros. Varias emperatrices, entre ella Pulqueria, nieta de Teodosio el Grande, y Eudoxia, profesaron mucha devoción a tan venerable reliquia.

En el siglo VII la ciudad de Constantinopla fue sitiada por los turcos. Cuando ya perecía agotarse la resistencia, el emperador, el patriarca y todo el pueblo, imploraron la protección de la Santísima Virgen, quien les libró del peligro haciendo que los atacantes se retirasen.

Al sobrevenir la campaña iconoclasta a fines del mismo siglo, la emperatriz Irene colocó la venerada imagen en la capilla privada de su palacio para preservarla de la profanación, y a su muerte, pasó a poder de la emperatriz Teófila.

Al recrudecer la persecución contra las imágenes, y temiendo su poseedora la destrucción de tan inestimable tesoro, se la envió como regalo de Bautismo a un príncipe eslavo de Belz, por intermedio de San Cirilo, apóstol de los eslavos (año 853). En Belz, capital de Rus Colorada, provincia fronteriza del oeste de Polonia, permaneció la Virgen hasta el siglo XIV.

En 1349 fue atacada dicha ciudad por los tártaros. Durante la acometida, una flecha fue lanzada dentro del santuario, la cual fue a dar en el retrato de la Virgen, produciendo en el mismo un deterioro. En el mismo instante cayó muerto el khan de los atacantes, y éstos huyeron presa del pánico.

Por el peligro que importaba la permanencia en Belz de tan insigne reliquia, un príncipe de nombre Ladislao resolvió llevarla a su provincia de Opola. El 26 de setiembre de 1382 la comitiva que la llevaba hizo alto en el pueblo de Czestochowa. Al día siguiente los caballos que arrastraban la carroza donde iba la imagen se negaron a seguir adelante, por más esfuerzos que se hicieron para proseguir la marcha. Entendió el príncipe que era voluntad de la Virgen quedarse en aquel sitio, por lo cual hizo construir allí mismo una capilla, dejando un sacerdote al cuidado de la imagen. Más adelante invitó a los padres Paulinos a fijar residencia en Czestochowa, donde les hizo don de tierras y les construyó un convento. Desde entonces dichos religiosos han sido los custodios de la milagrosa imagen.

En 1656, el rey Gustavo de Suecia, calvinista acérrimo, invadió Polonia, viéndose obligado a expatriarse su rey Juan Casimiro. La nación entera fue ocupada por los herejes. Solamente Czestochowa ofreció resistencia heroica. Durante seis meses un puñado de trescientos hombres resistieron a todo el ejército sueco e impidieron la profanación de la imagen de María.

El ejemplo de estos valientes movió a todos los polacos a alzarse contra los invasores y lograron alejarlos tras vergonzosa derrota. Juan Casimiro volvió a Polonia, y en la catedral de Lwow nombró a la Santísima Virgen Reina de toda la Nación Polaca, título que fue confirmado por el Papa.

Desde entonces, ni las tropas alemanas ni las rusas se han atrevido a atacar y profanar el templo de Czestochowa.


[1] Artículo publicado en la Revista VERBO, agosto 1979.
[2] El tiempo y los sucesivos cambios de lugar han ido deteriorando los colores originales ennegreciendo la cara y las manos de la imagen, motivo por el cual se conoce este retrato como el de la Virgen Negra de Czestochowa.