Nº 37: Bienaventurada me llamarán todas las generaciones


Nª Sraª de Luján
Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año IV- Nº 37

Córdoba, junio 2008


Bienaventurada me llamarán todas las generaciones
por Sor María Florentina

El primero en llamar Bienaventurada a la Santísima Virgen fue el Arcángel San Gabriel.

Y realmente la Virgen estaba predestinada por Dios para la más sublime y trascendental aventura: la de ser Madre del Redentor. Por eso es Bienaventurada, bendita entre todas las mujeres, distinguida por sus privilegios y elevada sobre toda la creación.

Las palabras del ángel no eran más que el eco de la voz de Dios, que la eligió y colmó de gracias.

El mismo Dios las puso también en los labios de Isabel: “Bienaventurada tú, porque has creído”.

Y el mismo Dios el que las hace brotar del límpido corazón de la Virgen cuando preanuncia: “Bienaventurada me llamarán todas las generaciones”.

Y es Dios quien, en cumplimiento de esta profecía, sigue inspirando a la grey católica para que a lo largo de dos mil años recite cada día como un himno de gloria: “Bienaventurada, bendita entre todas las mujeres”.

Eres María, Bienaventurada…
…por el privilegio incomparable de tu Maternidad Divina.
…por tu Concepción Inmaculada.
…por tu Virginidad perpetua.
…por la plenitud de gracia con la que Dios ornó tu alma.
…por haber creído la palabra de Dios.
…por tu permanente fidelidad.
…por tu Asunción gloriosa.

¡Cómo llena el alma recordar tus privilegios, y sobre todo, saber que eres nuestra Madre!

Ante Ti postrada, quiero decirte, Madre mía: ¡Bienaventurada! Oír el eco de esta alabanza en la creación entera y llenar con ella el corazón de todos los hombres…Quiero unir mi voz a la de los millones de voces que a cada instante se levantan desde todos los rincones de la tierra.

De un modo particular, te suplico Madre mía, que jamás se silencie tu alabanza en nuestra Patria, que tu manto celeste y blanco la cobije siempre, y que la tradición mariana, tan cara a los que gestaron nuestra identidad, no tenga jamás ocaso.

Nº 36: Jubileo de Lourdes

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año IV- Nº 36

Córdoba, febrero 2008


Un jubileo para la posteridad: Lourdes 2008
por Mons. Jacques Perrier
Obispo de Tarbes y Lourdes

Todos los peregrinos del jubileo de 2008 se dirigirán hacia la Gruta de Massabielle, como guiados por un impulso de plegaria universal: la celebración del 150 aniversario de las Apariciones. Estamos invitados todos a mirar hacia adelante, por dos razones. La primera porque el año jubilar empezará el 8 de diciembre de 2007 para terminar el 8 de diciembre de 2008, y sobre todo porque este jubileo quiere ser importante para la posteridad.

El primer jubileo de Lourdes, en 1908, fue marcado por un momento de la historia francesa en la que el anticlericalismo era muy fuerte. Estaban todavía muy recientes la expulsión de religiosos, la separación de la Iglesia y del Estado, la nacionalización de los bienes de la Iglesia,... El orgullo científico estaba en su punto culminante, antes de estallar la guerra: fue la época de las exposiciones universales.

En este ambiente hubo manifestaciones públicas de las que el jubileo de 1908 se encargó hacer ver y oír, como las multitudes de Lourdes -a pesar de la ruina anunciada de la religión-, la unidad en torno al Papa y las curaciones milagrosas.

El centenario (1958) fue una gran historia para mi predecesor, Mons. Théas, obispo de Tarbes y Lourdes desde 1945. Parece ser que lo tenía pensado desde hacía tiempo. Lanzó con atrevimiento, dos proyectos de los que nos aprovechamos todavía.

Por una parte, pidió al abate Laurentin que escribiera la «verdadera» historia de las Apariciones, sometiendo los numerosos documentos a críticas rigurosas. El trabajo estuvo tan bien realizado, que desde entonces no ha tenido que ser revisado. Se le puede considerar como exhaustivo y definitivo, de no ser que se encuentren nuevos e improbables descubrimientos.

Por otra parte, Mons. Théas lanzó la construcción del enorme «refugio subterráneo», convertido en basílica San Pío X, para paliar las molestias del calor y de la lluvia. Cincuenta años después, el edificio es aún la admiración de los arquitectos y no da signos de envejecimiento.

Las perspectivas para 2008 son diferentes. El ambiente es diferente al de 1908 y no habrá un nuevo Laurentin, ni una nueva basílica.

La finalidad es de ser útil y, para ello, no hay que encerrarse en Lourdes sino que hay que preguntar: ¿cuál es la competencia de Lourdes entre las diferentes misiones de la Iglesia de nuestro tiempo? ¿Para qué puede servir Lourdes en la situación espiritual de nuestro tiempo? Si 1908 fue más bien apologético, 1958 histórico y arquitectural, 2008 será pastoral y dirigido hacia el porvenir. No solamente el porvenir de Lourdes, sino también el porvenir de la fe.

En esta orientación llego a una conclusión seleccionando doce misiones. Hemos preferido llamarlas de esta manera, mejor que «tema» (demasiado teórico) o «pilares» (demasiado estático). «Misión» tiene la ventaja que pertenece a la vez al lenguaje evangélico y al lenguaje corriente. Se le utiliza demasiado en el lenguaje administrativo, pero ¡qué importa! Nadie es perfecto, ni siquiera el vocabulario.

Hemos tomado como modelo al papa Juan Pablo II para mirar hacia el futuro. Para él, el jubileo del año 2000 tenía como finalidad hacer memoria de los dos primeros milenios del cristianismo, pero sobre todo, lo que quiso fue hacer entrar a la Iglesia en el tercer milenio, como dijo de él proféticamente el cardenal Wychinski cuando fue elegido Papa.

Ne 35: El Reino y las Grandes Horas del Señor


Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año IV- Nº 35

Córdoba, noviembre 2007



El Reino y las Grandes Horas del Señor
Por Mons. Adolfo Tortolo

Hay horas y etapas claves en la Historia de Jesús. Todas ellas están marcadas por la promesa o por la presencia de su Reino.

Al iniciarse concretamente el opus salutis, el misterio de la redención humana, el Arcángel Gabriel le adelanta a María Santísima el futuro del Hijo que virginalmente concebirá en sus seno: “El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y su Reino no tendrá fin”.[1]

En el exordio de su vida pública aparece el Bautista despertando el corazón de los judíos con esta frase categórica: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos está cerca”.[2] Y cuando días después aparezca Jesús junto al Jordán, repetirá la misma frase: “Convertíos, porque el Reino de los cielos está cerca”.[3]

En la promulgación de las bienaventuranzas, el Reino de los cielos vuelve a presentarse, esta vez en boca de Cristo, como meta que hay que lograr, como recompensa que se ha de recibir. Y al enseñarnos poco después a orar, pronunciando por primera vez el Padrenuestro, en tres de sus peticiones -sobre todo en una: venga a nosotros tu Reino- reaparece el Reino de Dios como objeto y bien infinito al que las súplicas de los hombres deben tender necesariamente.

A partir de entonces, todo un conjunto doctrinal en la predicación de Jesús estará ceñido al Misterio del Reino, el cual llega a constituir algo así como la verdad totalizante y la última explicación de su venida al mundo. Las parábolas del Reino conforman todo ese conjunto doctrinal, capital inagotable para la Fe y la Vida de todo redimido, presentado con divina sencillez: “Semejante es el Reino del los cielos.....” Y dejando así, sin aclarar, para que el Espíritu Santo descubra más tarde su profundo contenido.

En un momento culminante de la Pasión de Jesús, Pilatos, que decidirá de su vida y de su muerte, le pregunta con énfasis: “¿Tú eres Rey?” Con más énfasis todavía le respondió Jesús: “Tú lo has dicho, Soy Rey y para serlo he venido al mundo. Pero mi Reino no es de este mundo”.[4]

¿Cómo pudo el buen ladrón conocer la existencia del Reino de Cristo, a Quien humildemente suplica quiera otorgárselo? Pero a esa súplica Jesús contesta de inmediato identificando Reino y Paraíso.

En el intervalo que media entre la Resurrección y la Ascensión lleva Jesús una vida misteriosa. Es el mismo y es otro. Aparece y desaparece. Prepara su definitivo retorno al Padre, al mismo tiempo que fortalece el corazón de los apóstoles no sólo para que aprendan a soportar su ausencia visible, sino también para que se dispongan a la próxima misión que deberán cumplir en el mundo. Horas éstas extraordinarias. El tema de estos coloquios es uno sólo: “les habla del Reino de Dios”.[5] En el umbral del cielo se detiene, vuelve sus ojos hacia atrás para decir la última palabra, recalcar la última recomendación. Todo lo demás pasa a un segundo plano. La palabra, la recomendación inefable, es el Reino, ese reino que el Espíritu Santo descubrirá a su Iglesia diez días después, y lo continuará descubriendo hasta el fin del mundo tanto en la Iglesia como en el corazón de los hombres.


[1] Lc 1,33
[2] Mt 3,2
[3] Mt 4,17
[4] Jn 18,33
[5] Hch 1,3

Nº 34: Nossa Senhora Aparecida

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año IV- Nº 34

Córdoba, octubre 2007


Nossa Senhora Aparecida


En el año 1554, un grupo de jesuitas dirigidos por el P. José de Anchieta, con el deseo de transmitir el tesoro de nuestra fe cristiana a los indios Tupis y Guaraníes fundan la ciudad de San Pablo y ésta se convierte en un importante centro de evangelización.


Los misioneros inculcaban con mucho celo la devoción a María Santísima, poniendo de relieve el papel que Ella, como Madre de Dios, realizó en la obra de la redención. Todas las tardes se tenía la catequesis y se rezaba el santo rosario. En muchas aldeas y villas existían cofradías del rosario, se hacían procesiones y se realizaban novenas de preparación a las fiestas religiosas.


En el año 1717 el gobernador de São Paulo y Minas Gerais, don Pedro de Almeida y Portugal, Conde de Assumar, pasó por la villa de Guaratinguetá. Los pobladores del lugar, queriendo agasajar al ilustre visitante y a su comitiva con un banquete, solicitaron a tres pescadores, Domingo Martins, Felipe Pedroso e João Alves, una provisión de peces.


Los pescadores se dirigieron al Río Paraíba. Lanzaban las redes una y otra vez pero era inútil. No conseguían pescar nada. Poco a poco, fueron navegando río arriba hasta que, a unos seis kilómetros cerca de Itaguaçu, sacaron una figura rota de terracota, cubierta de barro y sin cabeza. Echaron nuevamente las redes y apareció la cabeza, descubriendo así que se trataba una imagen de Nuestra Señora. Una vez colocada la estatuilla en la canoa, la pesca fue tan abundante, que aquellos hombres regresaron a puerto llenos de temor, porque su frágil embarcación parecía hundirse, incapaz de sostener el enorme peso de la pesca, pero al mismo tiempo maravillados por lo que había ocurrido.


No se sabe cómo la pequeña imagen de tan solo 36 centímetros fue a parar al río, pero sí se conoce a su autor, Frei Agostinho de Jesús, un monje de São Paulo que trabajaba el barro con arte y refinamiento. La imagen, que fue moldeada hacia el 1650, debió permanecer sumergida por muchos años, pues había perdido su policromía original y quedado de un brillante color castaño oscuro.


Felipe Pedroso tomó los dos pedazos, los envolvió cuidadosamente en un paño y los guardó. Conservó esta imagen en su casa por unos seis años. Luego se fue a vivir a Ponte Alta donde permaneció unos nueve años y pasado este tiempo marchó a vivir a Itaguaçu donde había encontrado la imagen. En 1733 se la obsequió a su hijo Atanasio.


Este hizo construir un oratorio y colocó la imagen de la Virgen sobre un rústico altar de palos en torno al cual se reunía con su familia y un grupo de vecinos cada sábado para rezar el rosario.


No tardó en correr la voz de los prodigios que sucedían en ese lugar a quienes acudían a pedir favores a la Virgen. El número de peregrinos que venían de los poblados cercanos creció tanto que la capillita de Itaguaçu resultó insuficiente, por lo que el P. José Alves, vicario de la parroquia de Guaratinguetá, mandó construir una capilla más grande en el Morro dos Coqueiros, que estaba más cerca de la parroquia. El templo se inauguró el 26 de julio de 1745 bajo la invocación de Nuestra Señora Aparecida y poco después surgió en torno a él un pequeño poblado.


El número de peregrinos continuó aumentando de modo extraordinario y la construcción tuvo que ampliarse en 1852 y en 1888. La devoción se extendió por todo Brasil y muy pronto comenzaron a dedicarse capillas e Iglesias a Nuestra Señora Aparecida.


La pequeña Virgen morena, de barro cocido, representa a Nuestra Señora en su Inmaculada Concepción. Está recubierta por un rígido manto de gruesa tela ricamente bordada, que sólo permite verle el rostro y las manos, unidas sobre el pecho en posición de oración. Porta la corona imperial, de oro y piedras preciosas, con la que fue coronada reina de Brasil en 1904 por don José de Camargo Barros, obispo de São Paulo, en presencia del Nuncio Apostólico. Veintiséis años más tarde, el 16 de junio de 1930, su sucesor Pío XI declaró a Nuestra Señora Aparecida Patrona del Brasil.


En 1946 comenzó la construcción de la gigantesca Basílica actual. Luce formidable con su torre de 100 metros de altura, su cúpula de 70 metros, su nave en forma de cruz griega de 173 metros de largo y 168 metros de ancho. Con una superficie total de 18.000 metros cuadrados, su capacidad de acogida es de 45.000 fieles. Por sus medidas, es la segunda Basílica más grande del mundo, después de la San Pedro en Roma.


Cada 12 de octubre acuden los devotos a la Capital mariana del país a pie, a caballo, en carreta, en moto, en auto o en ómnibus, para homenajear a la Virgen, solicitar algún don o agradecer los favores recibidos, dejando testimonio de ellos con sus exvotos y relatos de prodigios que se guardan celosamente en la sala llamada “de los milagros”, conservada como expresión de gratitud de algunos de los ocho millones de peregrinos anuales.


La Basílica fue consagrada por el Santo Padre Juan Pablo II en su visita a Brasil el 4 de junio de 1980. Unos días antes de su llegada ocurrió un lamentable incidente: una persona tomó la frágil imagen y la arrojó deliberadamente al suelo rompiéndola en muchos pedazos. Pero entre los cientos de fragmentos fueron halladas intactas las dos manos de la Virgen unidas en oración. “Este hecho tiene valor de símbolo: las manos juntas de María en medio de las ruinas son una invitación a sus hijos para que hagan sitio en sus vidas a la oración, a lo absoluto de Dios, sin el cual todo lo demás pierde sentido, valor, eficacia"[1]

El amor y el cuidadoso trabajo de artistas y expertos lograron reconstruir la imagen perfectamente, y la Virgen Aparecida retornó a su nicho en la basílica en medio de la enorme multitud que la aclamaba por Madre del Brasil.



Querida Mãe Nossa Senhora Aparecida,
Vós que nos amais e nos guiais todos os dias,
vós que sois a mais bela das Mães,
a quem eu amo de todo o meu coração.
Eu vos peço mais uma vez que me ajudeis a alcançar uma graça.
Sei que me ajudareis e sei que me acompanhareis sempre,
até a hora da minha morte.
Amén

[1] Homilía de Juan Pablo II en la Basílica de Aparecida, 4 de julio de 1980

Nº 33: Fundación del Monasterio de Prouille

Prouille, cuna de la Orden
1206-2006
Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 33
Córdoba, julio 2007



Fundación del Monasterio de Prouille


Domingo se dio cuenta de que una de las causas del progreso de la herejía era la habilidad con que los herejes se apoderaban de la educación de las jóvenes de familia noble cuando sus familias eran demasiado pobres para procurarles una educación conveniente a su jerarquía. Ante Dios pensó la manera de aportar remedio a esta seducción, y creyó llegar a ello fundando un monasterio destinado a recoger a las jóvenes católicas cuyo nacimiento y pobreza las expusiese a los lazos que les preparaba el error.

Existía en Prouille, lugar situado en una llanura entre Fanjeaux y Montreal, al pie de los Pirineos, una ermita dedicada a la Santísima Virgen y célebre desde hacía mucho tiempo por la veneración del pueblo. Domingo sentía gran afecto por Nuestra Señora de Prouille, pues con frecuencia había orado allí durante sus viajes apostólicos. Ya ascendiese o descendiese las primeras colinas de los Pirineos, el humilde santuario de Prouille se le presentaba, a la entrada de Languedoc, como un lugar de esperanza y consuelo.

Allí, al lado mismo de la iglesia, fue donde estableció su monasterio, con el consentimiento y la ayuda del obispo Foulques, que recientemente había ocupado la sede de Tolosa.

Foulques era un monje de la Orden de los Cistercienses, conocido por la pureza de su vida y el ardor de su fe; los católicos de Tolosa le eligieron obispo después que su antecesor, Ramón de Rabanstens, fue privado del episcopado por un decreto del Soberano Pontífice. Su elevación a una silla episcopal de tal importancia produjo un júbilo universal en la Iglesia, y cuando el legado Pedro de Castelnau, que estaba gravemente enfermo, lo supo, se levantó de la cama y, juntando las manos, dio gracias a Dios.

Foulques no tardó en llegar a ser amigo de Domingo y de D. Diego[1]. Favoreció con todo su poder la erección del monasterio de Prouille, al que concedió el goce, y más tarde la propiedad de la ermita de Santa María, al lado de la cual lo había edificado Santo Domingo. Berenguer, arzobispo de Narbona, le había ya precedido en aquella generosa protección, dando a las religiosas, cuatro meses después de su clausura, la iglesia de San Martín de Limoux, con todas las rentas que de ella dependían.

Tiempo después, el conde Simón de Montfort y otros católicos distinguidos hicieron grandes dádivas a Prouille, que llegó a ser una casa de oración floreciente y célebre.

Parecía que sobre ella flotaba siempre una gracia particular. La guerra civil y religiosa que estalló pronto, no se acercó a sus muros sino para respetarlos, y mientras otras iglesias eran expoliadas, y destruidos otros monasterios por la herejía armada y victoriosa con frecuencia, aquellas jóvenes indefensas podían entregarse tranquilamente a la oración en Prouille a la sombra de su claustro.

Y es que las primeras obras de los santos tienen una virginidad que conmueve el corazón de Dios, y Aquel que protege la brizna de hierba contra la tempestad, guarda la cuna de las cosas grandes.

No se sabe de manera cierta cuáles fueron las costumbres y estatutos de las religiosas de Prouille durante sus primeros tiempos. A su cabeza tenían una priora, pero bajo la autoridad de Domingo, que guardó para sí la administración espiritual y temporal del monasterio, a fin de no separar a sus queridas hijas de la Orden futura que meditaba, procurando fuesen su primer brote. Sin embargo, sus trabajos apostólicos no le permitían residir en Prouille, y se alivió de la administración temporal encargándosela a un habitante de Pamiers que le había tomado afecto y cuyo nombre era Guillermo Claret. También llamó para que le ayudasen en la administración espiritual a uno o dos eclesiásticos, franceses o españoles, cuyos nombres se ignoran.

En una parte del monasterio, situada fuera de la clausura, estaba la habitación de Domingo y sus compañeros, a fin de que esta morada, distinta, pero bajo el mismo techo, fuese una garantía de la unidad que debía existir un día entre los frailes Predicadores y las monjas Predicadoras, dos ramas salidas de un mismo tronco.

Cuando terminaron todos los preparativos, el 27 de diciembre de 1206, día de San Juan Evangelista, Domingo tuvo la alegría de abrir las puertas de Nuestra Señora de Prouille a varias señoras y jóvenes que deseaban consagrarse a Dios bajo su dirección. (...) Domingo añadió entonces a su humilde y suave calificación, la de Prior de Prouille, de manera que se llamaba “Fray Domingo, prior de Prouille”.

Enrique D. Lacordaire, O.P.
(1802-1861)



[1] Se refiere a D. Diego de Azevedo, Obispo de Osma.

Nº 32: Via Crucis de un niño que no nació


Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 32

Córdoba, marzo 2007


VIA CRUCIS DE UN NIÑO QUE NO NACIO

por Richard Thalmann

1ª estación: Jesús es condenado a muerte.
¡He sido condenado a muerte ya antes de nacer! El amor no me ha llamado a la vida y por eso nadie me ama ...

2ª estación: Jesús carga la cruz.
Me han cargado con el estigma de no deseado; se me considera una desgracia, una carga no querida, una complicación, y me rechazan.

3ª estación: Jesús cae por primera vez
Me han convertido en un problema; nadie me considera una persona...Soy sólo un caso de embarazo no deseado, un inoportuno del cual fácilmente se pueden deshacer...

4ª estación: Jesús se encuentra con su Santa Madre.
No tengo una madre para que me consuele y llore por mí. Estoy encerrado en el vientre de una mujer que me entregará para que me maten.

5ª estación: Simón el Cireneo ayuda a Jesús a cargar la cruz.
A ti Señor, te han ayudado a llevar la cruz; a mí nadie me ayuda ni se compadece de mí. A mi madre le darán anestésicos para que no sufra cuando yo esté muriendo...

6ª estación: Verónica limpia el rostro de Jesús.
¡Oh, Jesús! ¡Si a mí pudiera consolarme y ayudarme una Verónica en mi impotencia e indefensión! ¿Nadie está enterado, ni entiende mi desgracia, mi tragedia personal? ¿Por qué callan las leyes? ¿Por qué callan los cristianos?

7ª estación: Jesús cae por segunda vez.
¿Cuánto puede llegar a costar mi crianza, mi educación? Económicamente soy una carga. Evidentemente, mi muerte es más barata. Menos gasto: el argumento de más peso decidió mi suerte...

8ª estación: Jesús consuela a las mujeres de Jerusalén.
¿De qué sirven los proclamados derechos y leyes, si en vez de protegerme, abren y allanan el camino de mi muerte?

9ª estación: Jesús cae por tercera vez.
¡La situación es clara: debo morir! Las planificaciones al más alto nivel mundial, las llamados políticas de población así lo han decidido. Para mí no hay espacio en este largo y ancho mundo.

10ª estación: Jesús es despojado de sus vestiduras.
No tengo nada que me cubra. Sólo esta delicada piel que desgarrarán sin misericordia.

11ª estación: Jesús es clavado en la cruz.
Mi cuerpo será desgarrado y despedazado. Concienzudamente, mis restos serán controlados y contados para no provocar una infección a mi madre.

12ª estación: Jesús muere en la cruz.
Tú mueres, Jesús y yo también. Eres inocente, Jesús, y yo también. ¡Acuérdate Señor de mí cuando llegues a tu Reino de la vida eterna!

13ª estación: Jesús es bajado de la cruz.
Muerto, Tú has sido recogido por los brazos amorosos de tu afligida Madre. A mí nadie me recoge. Sólo soy un mal recuerdo, una carga que pesa sobre la conciencia...

14ª estación: Jesús es colocado en el sepulcro.
Me depositan en un recipiente de basura, de desperdicios... Mientras espero el día del Juicio Final, te pido Señor que perdones a mis padres, a los médicos, a las enfermeras, porque no saben lo que hacen...


Oración a Jesús en el vientre de María

Jesús:
que bajaste hasta encarnarte como Hijo de hombre
y asumir la condición de niño indefenso
en el seno de tu Santísima Madre,
la Bienaventurada Virgen María,
te suplicamos que ilumines las conciencias de los médicos y legisladores,
y que bendigas a todas las madres,
para que todos los niños concebidos
disfruten del precioso don de la vida.
Que la amorosa protección de María
cubra a todos los pequeños en el vientre de sus madres
y los proteja en su nacimiento.
Te lo pedimos a Ti que con el Padre y el Espíritu Santo
vives y reinas por los siglos de los siglos.
Amén.

Nº 31: El Auto de los Reyes Magos

Los Magos (s. XIII)
Detalle del frontal del altar
de la Ermita de Sta. María de Avià, Barcelona


Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 31

Córdoba, enero 2007


El Auto de los Reyes Magos


El Auto[1] o Representación de los Reyes Magos es la primera pieza dramática castellana de que se tenga noticia, así como el Cantar del Mío Cid lo es de la poesía épica. De autor desconocido, probablemente fue escrito en la segunda mitad del siglo XII por un clérigo de la Orden de San Benito, pues esta clase de drama religioso fue traído a España desde la Abadía de Cluny, por los fundadores del Monasterio de Silos.

Este tipo de misterio o auto era muy frecuente entonces por toda la Cristiandad. En Francia se representaba en las iglesias importantes con el nombre de mystères. En Italia se llamaban sacra reppresentazione. En Inglaterra, miracle plays; en Alemania, weinachtspiele.


Este drama litúrgico fue descubierto fortuitamente en 1783, en un códice bíblico manuscrito de la catedral de Toledo, por quien más tarde será el Arzobispo de Santiago, Don Felipe Fernández Vallejo. Incompleto -se conservan sólo 147 versos de variada métrica- el título de Auto de los Reyes Magos fue puesto por Menéndez Pidal al editarlo en 1900.

Su anónimo autor lo escribió en un castellano con fuerte influencia mozárabe.

La obra, con ciertos elementos inventados, escenifica el pasaje evangélico con una trama sencilla:

Los Reyes Magos, siguiendo una misteriosa estrella, se encuentran y discuten la causa de aquel signo. Llegan a la conclusión de que Jesucristo ha nacido y deciden seguir a la estrella para adorarlo:[2]



[Melchor]


¿queredes ir conmigo al criador rogar?
¿auedes lo ueido? io lo uo [aor]ar.

¿Queréis al Creador conmigo ir a rogar?
¿Acaso lo habéis visto? Yo lo voy a adorar

[Gaspar]

nos imos otrosi,
sil podremos falar.
andemos tras el strela, ueremos el logar.

Nosotros también vamos,
querríamoslo hallar.
Sigamos esa estrella, nos guiará al lugar.




¿Cómo distinguir que el Niño Jesús es Dios? Baltasar propone un medio ingenioso de poner a prueba su divinidad:


[Melchor]

¿cumo podremos prouar
si es homne mortal,
o si es rei de terra o si celestrial?

¿Cómo probar podremos
si es un hombre mortal
o si es rey de la tierra, o si lo es celestial?

[Baltasar]

¿queredes bine saber
cumo lo sabremos?
oro, mira i acenso a el ofreceremos:
si fure rei de terra, el oro quera;
si fure omne mortal, la mira tomara;
si rei celestrial, estos dos dexara,
tomara el encenso quel pertenecera.

¿Deseáis bien saber
cómo esto lo sabremos?
Oro, mirra e incienso a él le ofreceremos:
si fuere de la tierra rey, el oro querrá;
si fuere hombre mortal, la mirra tomará;
y si rey celestial, de esto se dejará:
elegirá el incienso, que digno de él será

[Gaspar y Melchor]

andemos i asi lo fagamos.

Marchemos ya, y así lo hagamos.


En su romería a Belén, encuentran el castillo de Herodes, rey de Judea, quien les pregunta sus nombres y sus propósitos:


[Gaspar a Herodes]


salue te el criador, dios te curie de mal:
un poco te dizeremos, non te queremos al;
dios te de longa uita i te curie de mal;
imos in romeria aquel rei adorar
que es nacido in tirra,
nol podemos fallar.

Guárdete el Creador, Dios te libre de mal:
Te entretendremos poco, un instante no más.
Dios te dé larga vida y te libre del mal;
vamos en romería, para un rey adorar,
que ha nacido en la tierra...
No lográmosle hallar.

[Herodes]

¿que decides, o ides?
¿a quin ides buscar?
¿de qual terra uenides,
o queredes andar?
decid me uostros nombres,
nom los querades celar.

¿Qué decís? ¿Dónde vais?
¿A quién vais a buscar?
¿De qué tierra venís?
¿Dónde intentáis llegar?
Decidme vuestros nombres,
no los queráis celar.

[Gaspar]

a mi dizen Caspar,
est otro Melchior, ad achest Baltasar.
rei, un rei es nacido
que es senior de tirra,
que mandara el seclo
en grant pace sines gera.

Yo me llamo Gaspar,
Éste otro Melchor y aquel es Baltasar.
Rey, un rey ha nacido
que es señor de la tierra,
Que mandará al mundo
con gran paz y sin guerra.


El pérfido Herodes les desea un pronto regreso, con nuevas sobre ese Rey que dicen ha nacido:

pus andad i buscad
i a el adorad
i por aqui tornad.
io ala ire
i adorarlo e.

Pues andad y buscad,
Y a ese rey adorad,
Y por aquí tornad...
Si lo encontráis iré,
Y yo lo adoraré


Cuando los Magos se marchan, Herodes se muestra indignado por la noticia de que exista un rey que podría destronarlo:


¿quin uio numquas tal mal?
¡sobre rei otro tal!
¡aun non so io morto
ni so la terra pusto!
¿rei otro sobre mi?
¡numquas atal non ui!
el seglo ua a caga,
ia non se que me faga.
por uertad no lo creo
ata que io lo ueo.

¿Quién vio nunca tal mal?
¡Sobre un rey otro tal!
Aún no estoy yo muerto
Ni bajo tierra puesto.
¿Otro rey sobre mí?
¡Nunca tal cosa vi!
El mundo va hacia atrás;
No sé qué me haga ya.
Juro que no lo crea
Hasta que no lo vea.

Y pide a su mayordomo:


id me por mios abades
i por mios podestades
i por mios scribanos
i por meos gramaticos
i por mios streleros
i por mios retoricos;
dezir man la uertad, si iace in escripto,
o si lo saben elos o si lo an sabido.


¡Vete por mis abades
y por mis potestades
y por mis escribanos
y por mis gramáticos,
y por mis estrelleros
y por mis retóricos!
Me dirán la verdad, si está en algún escrito,
O si la saben ellos, o bien si la han sabido.


Dos sabios rabinos se presentan ante el furioso Herodes. Uno finge que nada saben; pero el otro termina confesando que, siendo judíos, no han comprendido las profecías:

[El rabí]

po[r] ueras uo[s] lo digo
que nolo [fallo] escripto.

De veras os afirmo
Que no lo encuentro escrito...

[Otro rabí, al primero]

¡hamihala, cumo eres enartado!
¿por que eres rabi clamado?
non entendes las profecias,
las que nos dixo ieremias.
¡par mi lei, nos somos erados!
¿por que non somos acordados?
¿por que non dezimos uertad?

¡Hamihala,
cómo estás engañado!
¿Por qué eres tú rabí llamado?
No comprendes las profecías,
Las que nos hizo Jeremías.
¡Por mi ley, que estamos errados!
¿Por qué no estamos acordados,
por qué no decimos verdad?


[Rabí primero]

io non la se, par caridad.

Yo no la sé, por caridad...



[Rabí segundo]

por que no la habemos usada,
ni en nostras uocas es falada.

¡Porque en nosotros no es usada,
ni en nuestras bocas es hallada!


Aquí concluye el fragmento encontrado, del que sólo hemos transcripto 60 versos. Probablemente el drama continuaría con el Rey Herodes mandando degollar a los inocentes, mientras los Magos llegarían a Belén y adorarían al Redentor del mundo ofreciéndole los regalos que prepararon para El. Pero los versos faltantes tal vez nunca sean hallados.

De todas maneras, el Auto de los Reyes Magos tiene un profundo encanto dramático y poético, a lo que se suma el valor de ser una venerable reliquia del teatro litúrgico y un interesantísimo antecedente del futuro teatro español.

[1] Vocablo antiguo que significa acto, hecho. Designa una composición dramática breve, con temática bíblica o alegórica.
[2] La adaptación de los textos originales al castellano actual (en bastardilla roja) ha sido realizada por D. Fernando Lázaro Carreter, Catedrático de la Universidad de Salamanca, en su obra “Teatro Medieval”, Ed.Castalia, Valencia, 1958.

Nº 30: Tinkunaco

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 30

Córdoba, diciembre 2006



TINKUNACO
por Eugenia R. Quattordio


En la Puerta de la Quebrada , lugar que hoy conocemos como Las Padercitas ocurrieron los hechos históricos que fueran debidamente documentados[1].


Era el 15 de abril de 1593. Jueves Santo. Alrededor de nueve mil diaguitas con cuarenta y cinco jefes, descontentos con una administración abusiva, se preparaban para dejar la ciudad sin agua desviando el curso del río. Si tomamos en cuenta que el grupo que acompañara dos años antes a Don Juan Ramírez de Velazco para fundar la Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja estaba integrado por apenas setenta españoles y cuatrocientos indios amigos, se comprende que el Capitán Pedro Sotelo ordenara que todos se armaran para lo que pudiera acontecer.


Los indígenas acudieron a Francisco Solano –quien acababa de llegar a la ciudad como Visitador de la orden franciscana- para que intercediera ante las autoridades. El santo les mostró entonces una estatuilla del Niño Jesús, y predicó con fervor que Dios es la autoridad máxima a quien todos deben obedecer. Y para dar por concluido el pleito, nombró allí mismo Alcalde al Niño Dios. Sus palabras fueron tan estremecedoras, que los presentes comenzaron a azotarse en señal de arrepentimiento por sus pecados, y los indios, conmovidos, pidieron inmediatamente el bautismo: esa misma noche Solano bautizó a nueve mil.


Treinta años más tarde, los padres jesuitas arribaron a La Rioja y encontraron que el hecho histórico de 1593 estaba muy fresco en la memoria del pueblo. Y se preguntaron cómo rescatar, en una ceremonia religiosa, aquel acontecimiento tan espiritualmente pedagógico. El consejo de los sacerdotes y la espontaneidad de la religiosidad popular, fueron dando forma una fiesta que, con ligeras variantes, se celebra desde entonces.


La fecha se trasladó del tiempo de Pascua al de Navidad. Hay un doble simbolismo en la elección del día 31 de diciembre: tiempo de expectación de la epifanía del Salvador; día en que los españoles tradicionalmente renovaban sus autoridades.


De la Iglesia Catedral parte la procesión de la Cofradía de los Alféreces- que representan a los españoles- con los estandartes que los identifica, llevando en andas al Patrono de la provincia, San Nicolás de Bari. Portan banderas en forma de globos, indicando que no están desplegadas para la guerra, sino replegadas en señal de paz. Los globos son cinco o tres, simbolizando los cinco preceptos , la Trinidad, las virtudes teologales.


Los diaguitas- la Cofradía de los Aillis- se reúnen en el templo franciscano. Llevan la imagen del Niño Dios, ataviado a la usanza del siglo XVI con los atributos de alcalde. Los aillis, presididos por el Inca, van vestidos con vincha y poncho. Su canto es una salmodia en quichua. En su origen habría sido un himno a Inti (dios sol), que sirvió de inspiración para la letra dedicada a Mama Virgen Copacá, la Virgen de Copacabana. Ella llevó en su vientre un Hijo tan importante y brillante como el sol. Así dice la letra del canto que el Inca acompaña con su caja ritual, mientras el arco es movido al compás de la música.

Santullay santullay,
Yayhuariscu yayhuariscu.
Achallay mi santu,
Chaimin canqui,
Achallay mi Virgen....


Las dos procesiones, saliendo de lugares distintos, se dirigen hacia un mismo lugar. Frente a la casa de Gobierno se produce el tinkunaco, voz quichua que significa encuentro.

Entonces, todos se arrodillan ante el Divino Alcalde: hasta las andas de San Nicolás se inclinan y los alféreces tocan el suelo con sus banderas en señal de reverencia. Todos se confunden en un abrazo fraternal y el intendente, en un gesto de obediencia y homenaje, entrega al Niño las llaves de la ciudad.


Éste es el Alcalde que queremos. Bajo el ardiente sol del mediodía riojano, el único Alcalde es el Niño Dios.



[1] El Maestro Clérigo Presbítero Manuel Núñez dio testimonio de estos hechos en la causa de beatificación de Francisco Solano, en 1610.

Nº 29:La Virgen Negra

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 29

Córdoba, noviembre 2006


La Virgen Negra[1]
Por Witold R. Kopytinski

En Czestochowa (Polonia), existe una antigua iglesia y junto a ella, un convento de los padres Paulinos.

Dicho convento posee un retrato auténtico de la Santísima Virgen María, pintado por el evangelista San Lucas. El P. Alejandro Lazinski ha consignado en su libro “Milagros reales y confirmados recibidos de la Virgen de Czestochowa”[2], los datos precisos de la autenticidad del retrato.

San Lucas fue no sólo escritor y médico, sino también un buen pintor. Parece que las mujeres que acompañaban en sus últimos años a la Santísima Virgen, rogaron a San Lucas pintase el retrato de la misma, para que fuera conocida por todos los cristianos. San Lucas accedió y pintó el retrato sobre la madera de la mesa donde acostumbraba a trabajar la dulce Madre de Jesús.

La madera de tal mesa era de un árbol que crece en el cercano Oriente y se llama Tyllia Platyphylles. En un principio esa tabla era de una sola pieza, de 1,22 m de largo, por 0,85 m. de ancho y 3, 50 cm de espesor. A causa de la profanación que sufrió en 1430, está actualmente dividida en tres partes, aunque pegadas.

El patriarca Nicéforo de Constantinopla escribe: “San Lucas pintó este retrato en tiempos en que vivía la Santísima Virgen”.

Algo parecido escribió también Sixto de Séneca: “San Lucas-dice- después de terminar su Evangelio, pintó un retrato de la Santísima Virgen con la figura de Jesús Niño”.

Hasta el siglo IV no hubo ninguna pintura de la Santísima Virgen sino el retrato pintado por San Lucas. Después del Concilio de Efeso (431), en el cual se proclamó como dogma de fe la Maternidad Divina de María, muchos dibujantes y pintores se esmeraron en dibujar y pintar cuadros de la Señora, en base al retrato hecho por San Lucas.

Durante tres siglos permaneció el retrato bien escondido en Jerusalén, y no fue destruido en el año 70 cuando los romanos aniquilaron dicha ciudad. Vuelto de nuevo a la veneración de los fieles, fue regalado a la emperatriz Santa Elena, quien a su vez, hizo donación del mismo a su hijo el emperador Constantino el Grande.

Después del Concilio de Nicea (325) el citado emperador hizo construir una basílica en Constantinopla en honor de la Santísima Virgen Madre de Dios, en cuyo altar mayor colocó el retrato pintado por San Lucas, y allí permaneció durante cinco siglos.

Durante este tiempo fue muy venerado por los cristianos de la ciudad y de todos los que hasta ella llegaban, obrando el Señor por su intermedio muchos milagros. Varias emperatrices, entre ella Pulqueria, nieta de Teodosio el Grande, y Eudoxia, profesaron mucha devoción a tan venerable reliquia.

En el siglo VII la ciudad de Constantinopla fue sitiada por los turcos. Cuando ya perecía agotarse la resistencia, el emperador, el patriarca y todo el pueblo, imploraron la protección de la Santísima Virgen, quien les libró del peligro haciendo que los atacantes se retirasen.

Al sobrevenir la campaña iconoclasta a fines del mismo siglo, la emperatriz Irene colocó la venerada imagen en la capilla privada de su palacio para preservarla de la profanación, y a su muerte, pasó a poder de la emperatriz Teófila.

Al recrudecer la persecución contra las imágenes, y temiendo su poseedora la destrucción de tan inestimable tesoro, se la envió como regalo de Bautismo a un príncipe eslavo de Belz, por intermedio de San Cirilo, apóstol de los eslavos (año 853). En Belz, capital de Rus Colorada, provincia fronteriza del oeste de Polonia, permaneció la Virgen hasta el siglo XIV.

En 1349 fue atacada dicha ciudad por los tártaros. Durante la acometida, una flecha fue lanzada dentro del santuario, la cual fue a dar en el retrato de la Virgen, produciendo en el mismo un deterioro. En el mismo instante cayó muerto el khan de los atacantes, y éstos huyeron presa del pánico.

Por el peligro que importaba la permanencia en Belz de tan insigne reliquia, un príncipe de nombre Ladislao resolvió llevarla a su provincia de Opola. El 26 de setiembre de 1382 la comitiva que la llevaba hizo alto en el pueblo de Czestochowa. Al día siguiente los caballos que arrastraban la carroza donde iba la imagen se negaron a seguir adelante, por más esfuerzos que se hicieron para proseguir la marcha. Entendió el príncipe que era voluntad de la Virgen quedarse en aquel sitio, por lo cual hizo construir allí mismo una capilla, dejando un sacerdote al cuidado de la imagen. Más adelante invitó a los padres Paulinos a fijar residencia en Czestochowa, donde les hizo don de tierras y les construyó un convento. Desde entonces dichos religiosos han sido los custodios de la milagrosa imagen.

En 1656, el rey Gustavo de Suecia, calvinista acérrimo, invadió Polonia, viéndose obligado a expatriarse su rey Juan Casimiro. La nación entera fue ocupada por los herejes. Solamente Czestochowa ofreció resistencia heroica. Durante seis meses un puñado de trescientos hombres resistieron a todo el ejército sueco e impidieron la profanación de la imagen de María.

El ejemplo de estos valientes movió a todos los polacos a alzarse contra los invasores y lograron alejarlos tras vergonzosa derrota. Juan Casimiro volvió a Polonia, y en la catedral de Lwow nombró a la Santísima Virgen Reina de toda la Nación Polaca, título que fue confirmado por el Papa.

Desde entonces, ni las tropas alemanas ni las rusas se han atrevido a atacar y profanar el templo de Czestochowa.


[1] Artículo publicado en la Revista VERBO, agosto 1979.
[2] El tiempo y los sucesivos cambios de lugar han ido deteriorando los colores originales ennegreciendo la cara y las manos de la imagen, motivo por el cual se conoce este retrato como el de la Virgen Negra de Czestochowa.

Nº 28:Bendita sea tu pureza


Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año III- Nº 28

Córdoba, octubre 2006


BENDITA SEA TU PUREZA


"En la primera parte de esta hermosa décima de la piedad mariana, se bendice a la Santísima Virgen en su pureza, como la Virgen pura por excelencia; y en quien, por eso, se complace en su tersura virginal.

El cristiano le ofrece a la Santísima Virgen el “alma, la vida, el corazón” a esta “celestial patrona”, en esta segunda parte de la décima, suplicándole finalmente que ella nos mire con compasión, y como Madre no nos abandone.

El Bendita sea tu pureza es otra oración que enaltece la pureza Virginal de María como objeto de las complacencias divinas. Y luego sigue un ofrecimiento o entrega total de alma, vida y corazón a nuestra divina Madre de la Pureza, para terminar con una súplica, que implora la mirada y la protección permanente de María a nuestra pureza de alma y cuerpo: “Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía”.

Esta hermosa décima ha sido tomada por nuestro folklore, que a cada verso consagra una décima entera, es decir, una poesía con diez décimas, cada una de las cuales termina repitiendo el verso respectivo de la décima central, tomado como tema.

Tal la devoción que esta hermosa décima mariana, consagrada a la pureza de la Virgen, y a la nuestra bajo su protección, ha tenido y sigue teniendo siempre en nuestro pueblo cristiano."


Mons.Octavio Derisi



Bendita sea tu pureza
Y eternamente lo sea,
Pues todo un Dios se recrea
En tan graciosa belleza.
A ti, celestial princesa,
Virgen sagrada, María,
Yo te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
¡No me dejes, Madre mía!

Madre del amor hermoso
Y de la santa confianza,
En ti pongo mi esperanza,
Y espero quedar airoso.

Tú, que al dragón insidioso
Quebrantaste la cabeza,
Tú, torre de fortaleza
A la faz de mi enemigo,
Atiende lo que te digo:
Bendita sea tu pureza.

Hija hermosa del Excelso,
Y al mismo tiempo su esposa,
Primavera deliciosa
Que ahuyentas al torvo invierno.
Tú confundes al averno,
Tú admiras a Galilea,
Tú fuiste la bella hebrea
En quien el Verbo se hizo hombre.
Bendito sea tu nombre
Y eternamente lo sea.

Tú eres el huerto cerrado,
La hermosa fuente sellada,
En donde no tuvo entrada
Ni la sombra del pecado.
Así lo hubo decretado
La augusta y trina asamblea,
Que tan hermosa te hiciera,
Con tales gracias y tantas,
Que al mismo Creador encantas,
Pues todo un Dios se recrea.

Luna clara que iluminas
Mi noche caliginosa,
Mística y fragante rosa,
Y lirio entre las espinas.
Si constante me encaminas
Hacia el Dios de la pureza,
Tendré, Virgen, la certeza
De verme en tu compañía,
Viviendo un eterno día
En tan graciosa belleza.

Los espíritus alados,
Las aves, brutos y fieras,
Las colinas, las laderas,
Los altos montes nevados,
Los vientos alborotados,
El mar que la tierra besa,
El que en tu amor se embelesa,
Los ríos de arenas de oro,
Bendigan todos en coro,
A ti, celestial Princesa.

¡Dios te salve, Virgen pura,
Madre de grata memoria,
Llena de paz y de gloria
Reinas, Madre, en las alturas.
Cual ninguna criatura!
Tú tienes la primacía
Sobre toda jerarquía,
Y estás de Dios tan vecina
Que rayas casi en divina,
Virgen Sagrada María.

Salúdote reverente
Con el más profundo afecto,
Y al declararme imperfecto,
Y que mis culpas lamente,
Verás, oh Virgen clemente,
Abogada y Madre mía,
Que tomándote por guía
Y llorando mi pecado,
Un corazón humillado
Te ofrezco en este día.

Hermosa como la luna,
Escogida como el sol,
Rubia como el arrebol,
Agraciada cual ninguna.
No hubo existencia alguna
Para mí en la creación
-Ni la habrá, que es excepción-,
Tan grande, tan verdadera;
Y por lo tanto te diera
Alma, vida y corazón.

Soberana emperatriz,
Señora de cielo y tierra,
Cuya planta al diablo aterra
Y le pisa la cerviz.
Sólo tú fuiste feliz
Y pura en su concepción.
Por la gloriosa excepción
De la culpa original.
Madre pía, sin igual,
Mírame con compasión.

¡Oh Templo de Salomón,
Oh Arca del testamento,
Del cielo nuevo ornamento
Y de la tierra blasón!
No desdeñes mi oración,
Muéstrate conmigo pía,
Y en mi postrera agonía,
Cuando el infernal dragón
Intente mi perdición,
No me dejes, Madre mía!




Nuestra amiga Claudia Carrizo, de ADMA (Asociación de María Auxiliadora) nos ha acercado gentilmente esta otra bella versión:


A ti vengo Madre amada,
a celebrar tus fineza,
Y entusiasmado a decirte:
bendita sea tu pureza.

Aumentan mi regocijo
mil voces que la celebran,
todas a una cantando:
y eternamente lo sea.

¿Cómo no celebraré
tan admirable grandeza,
si en Vos, Virgen sin igual,
todo un Dios se recrea?

Invencible capitana,
de los hombres fortaleza,
todos mis amores tengo
en tan graciosa belleza.

En los celestes imperios
nunca de alabarte cesan
los ángeles que te aclaman
a Ti celestial Princesa.

En su destierro los hombres
todos juntos a ti miran;
no los dejes perecer,
Virgen Sagrada María.

Escucha el clamor del alma,
oye mi oración propicia
que mis lágrimas y penas
te ofrezco en este día.

Haz que mis ojos contemplen
el rostro santo de Dios,
pues a Ti consagro, Madre,
alma, vida y corazón.

Te invocaré mientras viva,
siempre con filial amor,
y cuando llegue mi muerte
mírame con compasión.

Y cuando al verme conozcas
que está acabando mi vida,
no me quieras olvidar,
no me dejes, Madre mía.

Nº 27: Carta de S.Francisco de Sales

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año II- Nº 27

Córdoba, setiembre 2006


CARTA DE SAN FRANCISCO DE SALES
a un joven[1] que, concluidos sus estudios
se traslada a la Corte para ingresar a la Universidad



Annecy, 8 de diciembre de 1616

Por fin vas a izar velas y adentrarte en ese altamar del mundo que es la corte. Dios te proteja y te lleve siempre de su santa mano.

No soy tan asustadizo como muchos, y no creo que tu profesión sea de las que más peligro ofrecen a las almas bien nacidas y a voluntades vigorosas; sólo veo dos escollos principales en ese golfo: la vanidad, que estropea los espíritus flojos, perezosos, femeniles y ligeros; y la ambición, que pierde a los corazones audaces y presuntuosos. (...) Para combatir todo eso, dígote que sigas nutriendo el alma con los manjares espirituales y divinos, robusteciéndola contra la vanidad y frenándola contra la ambición.

Comulga con frecuencia, pues nada como ello te afianzará en la virtud. Para practicar debidamente este ejercicio, sométete al consejo de un prudente confesor, rogándole que con su autoridad te pida cuenta, en la confesión, de las faltas que hagas a este propósito, si se te pasa por alto algún día de comunión. Confiésate siempre con humildad y con verdadero propósito de enmienda. No te olvides nunca de pedir al Señor su auxilio cuantas veces hayas de salir de casa, y de implorarle el perdón de tus pecados todas las noches al acostarte.

Guárdate sobre todo de los malos libros; por nada del mundo te seduzcan ciertas obras muy admiradas de los cerebros débiles que hacen gala de ponerlo todo en duda, de menospreciarlo todo y de burlarse de toda norma tradicional. Búscate, por el contrario, libros de sólida doctrina, cristianos y espirituales, para recrearte siempre.

Te recomiendo la mansa y sincera cortesía, que, sin molestar a nadie, a todos obliga; que busca el amor con preferencia al honor; que nos se divierte nunca a expensas de otra persona, ni zahiere, ni rechaza ni es rechazada, a no ser alguna vez por excepción.

Cuida de no entorpecerte con amoríos, y de impedir que los sentimientos se anticipen al juicio y la razón al seleccionar las personas dignas de ser amadas, pues apenas los afectos han abierto su camino, arrastran a la razón, como a una esclava, a ternuras muy inconvenientes y causantes de arrepentimiento que no se hace esperar.

Me asusta pensar que te des al juego. Lo temo porque sería para ti un inmenso mal; en pocos días verías disiparte tu corazón y marchitarse todas las flores de tus buenos deseos. (...)Y nada digo de la secuela que ello trae de cólera, desesperación y locura, de la cual no queda exento el último jugador.

Deseo que tu corazón tenga fortaleza bastante para no halagar demasiado el cuerpo con refinamientos en la comida, exceso en el descanso y otras comodidades parecidas; un corazón generoso siempre menosprecia los regalos y delicias de los sentidos (...) pues conviene que la razón se ejercite en hacer valer la autoridad que tiene para regular los apetitos sensuales.

(...) Medita con frecuencia en que vamos por este mundo entre el paraíso y el infierno; que el último paso de esta marcha nos dejará en la morada eterna, y que desconocemos cómo será este paso, el cual, para andarlo con seguridad, requiere que nos adiestremos en dar bien los anteriores. ¡Dichoso el que medita en la eternidad! ¿Qué significa entretenerse en un juego de niños sobre un mundo que no sabemos cuántos días tiene?

Para terminar como empecé, te repito que vas a arriesgarte en alta mar, y que debes tener siempre a Jesucristo por patrón; la cruz, por mástil que sostendrá el velamen de tus propósitos; por ancla, una profunda confianza en El.

Parte ya en buena hora. Que el viento de las celestiales inspiraciones hinche siempre y cada día más prósperamente las velas de esa tu nave, hasta arribar felizmente al santo puerto de la eternidad.

Francisco de Sales
Obispo de Ginebra



[1] El Barón Celso Benigno de Chantal, quien se disponía a viajar a París donde, por su gran talento y sus no pequeños defectos, le aguardaban seguramente serios peligros morales.

Nº 26: El moreno esclavo Joaquín

Nuestra Señora
de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires

Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año II- Nº 26
Córdoba, agosto 2006


El moreno esclavo Joaquín
Héroe en las invasiones británicas de 1806-1807
Por Horacio Bojorge, S.J.

Se cumplen, este año 2006 y el próximo, doscientos años de las invasiones británicas al Río de la Plata. Aunque no soy historiador me ha parecido interesante publicar estos documentos encontrados en el Archivo General de la Nación Argentina con motivos de otras búsquedas. Es muy probable que estos documentos estén ya publicados en todo o en parte. Pero me ha parecido que pueden interesar a muchos desconocedores de las publicaciones históricas, como me interesaron a mí.
Se trata de un moreno de humilde condición que se revela como héroe de guerra. Joaquín, negro esclavo del convento de los Dominicos en Buenos Aires.
El viernes 14 de agosto de 1807, Joaquín pide la libertad como premio a los méritos de su actuación militar y en virtud de un ofrecimiento que se le hiciera en algún momento[1]. Le damos la palabra.

Se sirva mandar se me dé la libertad ofrecida...

"Pedimento[2]=
Muy Ilustre Cabildo, Justicia y Regimiento :
Joaquín, Negro esclavo del Convento de los Padres Dominicos de esta ciudad parezco ante Usía[3] con el mayor respeto y digo:

Que en las gloriosas acciones de la reconquista y especialmente en la del último ataque que las Armas Británicas invadieron esta capital los días dos, tres, cuatro, cinco y seis del presente año he servido de jefe y comandante de los morenos esclavos teniendo a mis órdenes y disposición más de trescientos de estos valerosos soldados, a quienes se debe en gran parte las Victorias que hemos conseguido del enemigo. Un número considerable de heridos y muertos en las guerrillas y en otros puestos del mayor riesgo, acredita la lista que en debida forma acompaño;

Y ello es que estos esforzados soldados manifestaron su amor y lealtad en todas partes y puntos de la Ciudad y sus extramuros; han hecho presas de Ingleses, les han quitado cañones, sostuvieron a nuestra tropas fatigadas y desfallecidas del cañoneo en la Plaza de Lorea y Corrales de Miserere; condujeron nuestra artillería a los lugares que pedían las circunstancias y les era mandado; y han quitado otras piezas de los parajes en que podían ser sorprendidos de los enemigos; pelearon primero con chuzas y después con armas de fuego. En fin han hecho prodigios de valor en términos que los mismos ingleses demostraban el terror que habían cobrado a los negros.

El único jefe y caudillo de todos estos valerosos soldados, he sido yo, el que les daba las órdenes, el que repartía los trozos de gentes a los parajes que eran necesarios; y el que los esforzaba a pelear hasta morir y a quien ellos ciegamente obedecían; de forma que nadie me resistía, ni ha habido casa por privilegiada que fuese, de donde no sacase soldados.

Usía es testigo de todo; o lo más que refiero en esta reverente representación, sin que tampoco se le oculte al Señor Capitán General, y por lo mismo muchas ocasiones en las diferentes comisiones que se me dieron y ejecuté a satisfacción del Señor Alcalde de primero voto [Dn Martín de Alzaga] oí con gusto expresiones ofreciéndome en premio la libertad; que acepté con la complacencia que podía recibir este corto obsequio debido a tantas fatigas.

Los hechos son bien públicos. Apenas habrá quien los ignore; a Usía le constan de vista, ciencia y experiencia, pues, para cuanto se ofrecía, me ocupaba el Señor Alcalde de primero voto. Por esto no he creído necesario producir una información completa y circunstanciada de todos y cada uno de mis servicios en defensa del Rey y de la Patria, para que Usía se dignase en su consecuencia concederme el beneficio de la libertad y ahorro de toda servidumbre. Pero sin embargo si la juzga necesaria estoy pronto a la justificación de todos los pasajes que[al] por mayor dejo indicados, y de otros que omito, que tal vez no habrán llegado a noticia de su alta comprensión.

En cuya virtud : A Usía pido y suplico que habiéndome por presentado, se sirva mandar se me dé la libertad ofrecida, a que en cierto modo soy acreedor, por mis servicios; proveyendo en lo demás como fuere del agrado de Usía si lo estimare necesario

A ruego de Joaquín [escribió] Mariano López"


Tengan lugar estos esclavos en la piedad de V.M. concediéndoles la libertad...

Pero Joaquín no se conforma con la libertad obtenida para sí mismo y luego confirmada. Junto con él se había dado la libertad, por sorteo, a un cierto número de esclavos combatientes. Pero el procedimiento del sorteo, había creado una cierta situación de injusticia, pues muchos capitanes y combatientes meritorios seguían esclavos, mientras que a algunos reclutas, con menores méritos militares, les había caído en suerte la libertad. Joaquín acude a suplicar la libertad para todos. Sugiere que se haga a costa del erario público, para no perjudicar a los amos.

En este otro documento[4] del viernes 14 de agosto de 1807 dice así:

A los pies de V. M. lleno de Confianza elevo mi súplica como caudillo de unos leales vasallos que en esta Capital de Buenos Aires en la mayor necesidad, llenos del mayor entusiasmo ofrecieron voluntariamente sus vidas con amor y fidelidad a su Soberano en la reconquista de esta capital y en la segunda invasión, cuando acometidos de más de once mil enemigos, se arrojaron intrépidos buscando proveerse de armas con las que se quitaron a los mismos enemigos como así se consiguió a la vista de los principales jefes que llenos de ardor aspiraban a lo mismo.

Así lo han ejecutado nada menos que unos humildes esclavos, llevados solo del amor a su Rey, como lo acreditan las adjuntas Certificaciones de los principales Jefes que testimoniadas presento a V.M. Siendo el principio de esta acción, que estos individuos ocupados en aquel acto en servicio de sus amos, conociendo el peligro, sin perder momento, obteniendo licencia de sus amos, formaron un cuerpo distribuido en las compañías que se ven testimoniadas. eligiendo prontamente sus respectivos Jefes cargando al enemigo con tal ardor que en breve se vio proveída toda de las mismas armas del enemigo. Logrando una feliz victoria de forma que regresados con orden a aquella Plaza, nos recibieron los principales Jefes y el común del pueblo con general aplauso pidiendo en general que se me diese libertad (como se me dio en el acto) y determinando el Jefe superior que se diese libertad a cierto número por medio de un sorteo como en efecto así se verificó.

Esto es S. H. M. lo acaecido de resultas de las dos funciones de Guerra sucedidas en esta Capital; quedaron libres muchos de los que mis capitanes y subalternos habían reclutado, y éstos sepultados en su antigua esclavitud, y muchos aún con recientes heridas lloraban su infeliz suerte, sin quedar otro recurso que ocurrir a buscar el alivio en V. M. como lo hago por esta humilde representación, suplicando tengan lugar estos humildes infelices esclavos en la piedad de V.M. concediéndoles la libertad a expensas del Real Erario para poder con más franqueza estos y yo, ocuparnos siempre en servicio de nuestra Religión, de nuestro Soberano y de la Patria con aquel ardor, fidelidad propia de unos fieles vasallos que están prontos a derramar su sangre por su Rey, quedando esperanzados en que la bondad de V.M. admitirá esta humilde súplica que hago por mí y a nombre de todos los individuos que van nominados, S.R.M. A los pies de V.M. por mí y los individuos que van nominados.

[firma] Joaquín Guzmán[5]


Tenga presente mis méritos y los de mis infelices compañeros...

Una vez liberado, Joaquín Guzmán intentó ir a España para obtener la libertad del Capitán y del Sargento de la Primera Compañía, sus amigos que habían quedado esclavos por no haberles favorecido en el sorteo. Pero su viaje fracasó y habiendo tenido que enviar por terceros toda su documentación a España, quedó sin pruebas ni documentos. Vuelve pues a interceder ante el Gobernador y el Cabildo[6]. Con este motivo Joaquín da más detalles de las acciones bélicas contra los ingleses :

"Pedimento=
Excelentísimo Señor = Joaquín Guzmán moreno libre y aclamado Comandante por los morenos esclavos de esta Capital, ante Vuexcelencia con todo mi respeto digo:

Que como es notorio y lo acredité con documentos bastantes al tiempo de la reconquista y pasada invasión ocurrí [= acudí] inmediatamente con mi gente recluta y prevenida muy de antemano y eh efecto presentados al Ilustre Cabildo nos proveyeron de chuzas, por no haber otras armas.

Con éstas y las que nuestro cuidado había adquirido, salimos con intrepidez a presentarnos al enemigo, procurando mejorar de armas a pesar del manifiesto riesgo que nos amenazaba, ello es que a breve rato nos metimos en refriega en la que murieron varios compañeros, quedando también muchos heridos como lo acreditan las listas que acompañan y con la mayor solemnidad presento y juro.

De este hecho resultó que despojamos al enemigo de un cañón y un carro de munición, mejoramos de armas y habiendo hecho varios prisioneros los condujimos a la Real Fortaleza, volviendo a la fatiga sin el menor descanso hasta conseguir ver serenada toda hostilidad, resultando de todos estos hechos que aproximándome con mi gente de retirada, empezó el pueblo a clamar se me diese libertad como testigo de mis operaciones, las que entiendo no se le ocultarían a Vuexcelencia y al Ilustre Cabildo quien en aquél acto así lo pronunció y cumplió.

No es creíble Excelentísimo el dolor que me causó el ver que llegando el sorteo para los Escalvos que trabajaron los principales, que mucho antes habían trabajado para juntar la gente ordenada y mandarla al frente del mayor peligro, quedaron sepultados en su antigua esclavitud y muchos de ellos de los que habían sido heridos, cuya lástima me obligó a documentar mis servicios y los de mi gente con las más apreciables certificaciones tanto de Vuexcelencia y Muy Ilustre Cabildo como de todo el que se halló en ambas refriegas y con estos encargando al capitán de la primera Compañía José Ruiz y al Sargento José Molino la constancia y fidelidad al Soberano, me embarqué en [el] San Juansiño con destino a España a ver si conseguía algún premio, junto con algún alivio a mis leales compañeros, pero la suerte adversa permitió que en el Janeiro [=Río de Janeiro] se nos impidiese el viaje quedando de este modo frustradas todas mis esperanzas de forma que me vi en la precisión [= necesidad] de remitir los originales con el Señor Pampillo, y los duplicados con el Comandante Pueyrredón, estos caminaron a España por estos conductos, quedándome desnudo de todo documento y sin resulta[do]s hasta el día [de hoy].

Esto es en suma Excelentissimo Señor lo que ha acaecido hasta el día [de hoy]. El Capitán y Sargento no dejaron de practicar algunas diligencias y consiguieron del Muy Ilustre Cabildo en Junta, el Infome que se ve a fojas trece vuelta y acompaña y con toda sumisión hago a Vuexcelencia presente, suplicándole así mismo tenga presente mis méritos y los de mis infelices compañeros que han manifestado su fidelidad y patriotismo en defensa de la Religión y de nuestro Soberano para que se eleve bajo la protección de Vuexcelencia estos méritos a la Suprema Junta como encargado para hacer presente de los que justamente lo han verificado. Por lo que a Vuexcelencia pido y suplico se digne admitir este Pedimento y en su consecuencia determinar com pido, que es Justicia. Juro, etcétera : Joaquín Guzmán.

Por fin, en el mismo legajo[7] figura la Lista de la Compañía de Esclavos, de la que transcribo solamente el comienzo:

Primera Compañía de Esclavos, al cargo de su Comandante Joaquín=
Capitán = José Luis
Theniente = Juan Collado
Alférez = José Enrique
Sargento = Custodio Molina
Otro = Manuel Collaso
Muerto otro = José Molina
Soldados = Joaquín Balanzate; José Gavi = Joaquín Lázaro; Joaquín Azaga; Muerto: Antonio Terrada; Joaquín Guillén; Manuel Bistelina; Luis de la Riva; Caído Manuel Mestre; Francisco García; Francisco Antonio; Manuel Candelaria; Antonio Asaga; Vicente Alzaga; Muerto: Juan Terrada; Muerto: Juan Giles; Juan Antonio; Cristóbal Militon; Antonio Malauye (sigue la lista)

Segunda Compañía de Esclavos al mando de su Comandante Joaquín =
Capitán = Pedro Casaraville
Theniente = Ignacio Guzmán
Alférez = Thomas José Torres
Sargento = Pedro Acosta
Otro = Antonio Golma
Otro = José Antonio Mulec
Soldados = Antonio Miguel Mulec; Antonio Barrio; Joaquín Tavares; Murió: Francisco Duarte; Antonio Morsa; caído: Manuel Ortega; herido José María Segui; etc.

Conclusión

Una reflexión final: Estos humildes negros esclavos lucharon, como dice su comandante Joaquín, exponiendo su vida por cosas que consideraban dignas de ese sacrificio. ¿Cuáles? La Fe, la patria y el Rey: "ocuparnos siempre en servicio de nuestra Religión, de nuestro Soberano y de la Patria con aquel ardor, fidelidad propia de unos fieles vasallos que están prontos a derramar su sangre por su Rey".

Lo que estaba en juego con las invasiones británicas era todo eso: la libertad religiosa, nacional y política. Esta simpática figura de Joaquín merece nuestro recuerdo y gratitud y también la merecen sus humildes compañeros que arriesgaron y hasta dieron su vida para darnos libertad y patria.

Y es también digno de tener en cuenta que, habiendo demostrado en el riesgo de su vida la fidelidad a los pilares que sustentaban nuestra patria, fueron hallados dignos de vivir en ella como ciudadanos libres. Se lo merecían. Y en reconocerlo, mostraron nuestros antepasados su grandeza de alma.


[1] Tomado del Archivo General de la Nación Argentina, Invasiones Inglesas S9-26-7-5 folios 210v-212
[2] Es decir: petición.
[3] Forma abreviada de Vuestra Señoría.
[4] Tomado del Archivo General de la Nación Argentina, Invasiones Inglesas S9-26-7-5 folios 206-207
[5] Cuando se le concede la libertad, Joaquín toma el apellido Guzmán, sin duda por Santo Domingo de Guzmán. Los esclavos tomaban por lo general el apellido de la familia a la que servían o habían servido.
[6] Archivo General de la Nación Argentina, Invasiones Inglesas S9-26-7-5 Folios 220-222
[7] Folios 208 y 208 vuelta

Nº 25: Familia, cuna de la vida...


Hora de Guardia
Boletín de la Asociación Guardia de Honor
Año II- Nº 25
Córdoba, 1 de julio de 2006


FAMILIA, CUNA DE LA VIDA Y DEL AMOR
Y LUGAR PRIMORDIAL DE HUMANIZACIÓN

Comentario del Rector Mayor, Don Pascual Chávez, a la Familia Salesiana
Roma, 1 de enero de 2006


Creyendo en su importancia estratégica para el futuro de la humanidad y de la Iglesia, Juan Pablo II hizo de la familia uno de los puntos prioritarios de su programa pastoral para la Iglesia al comienzo del tercer milenio: “Una atención especial se ha de prestar también a la pastoral de la familia, especialmente necesaria en un momento histórico como el presente, en el que se está constatando una crisis generalizada y radical de esta institución fundamental (...) Conviene procurar que, mediante una educación evangélica cada vez más completa, las familias cristianas ofrezcan un ejemplo convincente de la posibilidad de un matrimonio vivido de manera plenamente conforme al proyecto de Dios y a las verdaderas exigencias de la persona humana: tanto la de los cónyuges como, sobre todo, las de los más frágiles, que son los hijos”[1]


Riesgos y amenazas que pesan sobre la familia hoy

El pensamiento de Juan Pablo II ha sido relanzado por el Papa Benedicto XVI quien, en sus intervenciones, ha hablado de la familia como de una “cuestión neurálgica, que requiere nuestra mayor atención pastoral; (la familia) está profundamente arraigada en el corazón de las jóvenes generaciones y se hace cargo de múltiples problemas, ofreciendo apoyo y remedio a situaciones de otro modo desesperadas. Y, sin embargo, la familia está expuesta, en el actual clima cultural, a muchos riesgos y amenazas que todos conocemos. A la fragilidad e inestabilidad interna se añade, en efecto, la tendencia, difusa en la sociedad y en la cultura, a contestar el carácter único y la misión propia de la familia fundada en el matrimonio”[2]


Un ambiente cultural contrario a la familia

Hoy, con una cierta facilidad y superficialidad, se proponen y presentan presuntas “alternativas” a la familia, calificada como “tradicional” . La atención se dirige así desde el problema del divorcio al de las “parejas de hecho”, desde el aborto a la búsqueda y manipulación de las células madre obtenidas de los embriones, desde el problema de la píldora contraceptiva al de la píldora del día después, que también es abortiva. La legalización del aborto prácticamente se ha extendido en casi todo el mundo. Sucede también que se confieren a las parejas efímeras, que no quieren comprometerse formalmente en el matrimonio ni siquiera civil, los derechos y las ventajas de una verdadera familia. Tal es el caso de la oficialidad de las “uniones de hecho”, comprendidas las parejas homosexuales, que a veces pretenden incluso el derecho a la adopción, creando de este modo problemas muy graves de orden psicológico, social y jurídico.
Así, el rostro –la realidad- de la familia ha cambiado. A lo dicho ya antes se debe añadir la marcada preferencia por una forma de “privatización” y la tendencia a una reducción de las dimensiones de la familia que, pasando del modelo de familia plurigeneracional al de familia nuclear, reduce ésta a la realidad de papá, mamá y un solo hijo. Más grave todavía es el hecho de que buena parte de la opinión pública no reconozca ya en la familia, basada sobre el matrimonio, la célula fundamental de la sociedad y un bien al que no se puede renunciar.


Una solución fácil, el divorcio

Teniendo en cuenta este clima cultural, presente sobre todo en las sociedades occidentales, me parece oportuno recordar un trozo del Evangelio en que Jesús habla del matrimonio:
“Se acercaron unos fariseos y le preguntaron para ponerlo a prueba: Le es lícito a un hombre divorciarse de su mujer? El les replicó: ¿Qué les ha mandado Moisés? Contestaron: Moisés permitió divorciarse, dándole a la mujer un acto de repudio. Jesús les dijo: Por la terquedad de ustedes dejó escrito Moisés este precepto. Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre.” (Mt 10, 2-9)

Se trata, a mi parecer, de un texto muy iluminador, porque se refiere al tema del matrimonio como origen y base de la familia; pero sobre todo, porque nos hace ver la forma de razonar de Jesús. El no se deja enredar en las redes del legalismo, sobre lo que está permitido y lo que está prohibido, sino que se coloca frente al proyecto original del Creador, y nadie mejor que El conocía cuál era el plan original de Dios. Es en este proyecto donde encontramos la “Buena Noticia” de la familia.
Aún reconociendo que hay también muchas familias que viven en el valor de una unión estable y fiel, sin embargo, debemos constar que la precariedad del vínculo conyugal es una de las características del mundo contemporáneo. Este se da en todos los continentes y puede constatarse en todos los niveles sociales. Con frecuencia, semejante praxis hace frágil la familia y pone en peligro la misión educativa de los padres. Tal precariedad no bien cuidada, es más, aceptada como un “dato de hecho”, conduce muchas veces a la opción de la separación y del divorcio, que llegan a ser considerados como la única salida ante las crisis que se producen.

Esta mentalidad debilitará a los esposos y hace más peligrosa su fragilidad personal. El “rendirse” sin luchar es demasiado frecuente. Una justa comprensión del valor del matrimonio y una fe firme podrían, en cambio, ayudar a superar con valor y dignidad incluso las dificultades más serias.

Del divorcio, en efecto, debe decirse que no es solamente una cuestión de tipo jurídico. No es una “crisis” que pasa. Incide profundamente en la experiencia humana. Es un problema de relación, y de relación destruida. Marca para siempre a todos los miembros de la comunidad familiar. Es causa de empobrecimiento económico, afecta particularmente a la mujer y los hijos. A todo esto se añaden además, los costos sociales, que son siempre particularmente elevados.

Querría hacer notar que son diversos los elementos que concurren al incremento actual de los divorcios, aún con matices y componentes diversos según los diversos países. Hay que tener presente, ante todo, la cultura del ambiente, cada vez más secularizada, en la que emergen, como elementos que la caracterizan, una falsa concepción de la libertad, el miedo al compromiso, la práctica de la cohabitación, la “banalización del sexo”, según la expresión de Juan Pablo II, además de las estrecheces económicas, que a veces son una concausa de tales separaciones. Estilos de vida, modas, espectáculos, telenovelas, poniendo en duda el valor del matrimonio y difundiendo la idea de que el don recíproco de los esposos hasta la muerte es algo imposible, hacen frágil la institución familiar, hacen caer la estima y llegan al punto de descalificarla a favor de otros “modelos” de pseudo familia.


Privatización del matrimonio

Entre los fenómenos a que asistimos hay que destacar, además, la afirmación de un individualismo radical, que se manifiesta en numerosas esferas de la actividad humana: en la vida económica, en la concurrencia despiadada, en la competición social, en el desprecio de los marginados y en otros muchos campos. Este individualismo no favorece ciertamente el don generoso, fiel y permanente de sí. Y, ciertamente, no es un hábito cultural que pueda favorecer la solución de las crisis en el matrimonio.

Sucede que las autoridades estatales, responsables del bien común y de la cohesión social, alimentan ellas mismas este individualismo, permitiéndole una plena expresión a través de leyes a propósito (como, por ejemplo, en el caso del PACS, “pactos civiles de solidaridad”) que se presentan como alternativas, al menos implícitas, al matrimonio. Peor aún cuando se trata de uniones homosexuales, y peor aún pretendiendo el derecho a adoptar niños. Haciendo así, estos legisladores y estos gobiernos hacen precaria en la mentalidad común la institución del matrimonio y contribuyen, además, a crear problemas que son incapaces de resolver. De este modo sucede que el matrimonio, muchas veces, no es ya considerado como un bien para la sociedad, y su “privatización” contribuye a reducir, o incluso a eliminar, su valor público.

Esta ideología social de pseudo-libertad impulsa al individuo a obrar en primer lugar según sus intereses, su utilidad. El compromiso asumido en relación del cónyuge se considera como un simple contrato, revisable indefinidamente; la palabra dada no tiene más que un valor limitado en el tiempo; no se responde de los propios actos, sino ante uno mismo.


Falsas expectativas sobre el matrimonio

Es preciso también constatar que muchos jóvenes se forman una concepción idealista o incluso errónea de la pareja, como el lugar de una felicidad sin nubes, del cumplimiento de los propios deseos sin precio que pagar. Pueden llegar así a un conflicto latente entre el deseo de fusión con el otro y el de proteger la propia libertad.

Un desconocimiento creciente de la belleza de la pareja humana auténtica, de la riqueza de la diferencia y de la complementariedad hombre / mujer, conduce a una confusión mayor sobre la identidad sexual, confusión llevada al colmo en la ideología feminista. Por otra parte, las condiciones actuales de la actividad profesional de los dos cónyuges reducen los tiempos vividos en común y la comunicación en la familia. Y todo eso empobrece las capacidades de diálogo entre los esposos. Demasiadas veces, cuando llega la crisis, las parejas se encuentran solas para resolverlas. No tienen a nadie que pueda escucharlas e iluminarlas, lo cual talvez permitiría evitar una decisión irreversible. Esta falta de ayuda hace que la pareja permanezca cerrada en su problema, no viendo sino la separación o, incluso, el divorcio como solución del propio desaliento. ¿Cómo no pensar, en cambio, que muchas de estas crisis tiene un carácter transitorio y podrían ser superadas fácilmente, si la pareja tuviese el apoyo de una comunidad humana y eclesial?


Factores económicos y consumistas en la vida familiar

Los factores económicos, en su gran complejidad, influyen también fuertemente en la configuración del modelo familiar, en la determinación de sus valores, en la organización de su funcionamiento, en la definición del mismo proyecto familiar. Las entradas que se quieren asegurar, los gastos que se consideran indispensables para satisfacer las necesidades o los niveles de bienestar que se pretenden alcanzar o mantener, la falta de recursos o, incluso, la falta de trabajo que se dan tanto en los padres como en los hijos, condicionan y, en cierta medida, determinan gran parte de la vida de las familias. Bastaría pensar en los llamados “amigados”, que no son propiamente convivientes, sino sólo pobres sin recursos para la celebración de un matrimonio. Otra situación preocupante es la de los emigrantes, forzados a dejar el país y la familia en busca de trabajo y de medios de sustento, situación que no rara vez, por la prolongada lejanía u otras motivaciones, produce el abandono y la destrucción de la misma familia que se ha dejado.

Tienen igualmente origen económico los mecanismos que crean un clima de consumismo en que se encuentran sumergidas las familias. Desde esta perspectiva se definen muchas veces los parámetros de felicidad, generando frustraciones y marginación. Son también económicos los factores que determinan una realidad tan importante como es la del espacio familiar, es decir, las dimensiones de las casas y la posibilidad de acceder a ellas. Son, en fin, los factores económicos los que condicionan las posibilidades educativas y las perspectivas de futuro de los hijos.

Ante esta realidad no se puede dejar de sentir profunda compasión por lo que es o debería ser la cuna de la vida y del amor y la escuela de humanización.


La familia, camino de humanización del Hijo de Dios

La Encarnación del Hijo de Dios, nacido de una mujer, nacido bajo la Ley para rescatar a los que estaban bajo la Ley, para que recibieran el ser hijos de Dios por adopción, no fue un evento limitado solamente al momento del nacimiento, sino que comprendió todo el arco de la vida humana de Jesús, hasta la muerte en cruz, como confiesa el apóstol Pablo (Cfr. Fil 2,8).

El Concilio Vaticano II se expresaba diciendo que el Hijo de Dios trabajó con manos de hombre y amó con corazón de hombre (Cfr. GS 22). Su humanidad no fue, pues, un obstáculo para revelar su divinidad, más aún, fue el sacramento que le sirvió para manifestar a Dios y hacerlo visible y alcanzable. Es hermoso contemplar a un Dios que ha querido tanto al hombre que le ha hecho camino para llegar a El. Precisamente por ésto, el camino de la Iglesia es el hombre, que ella debe amar, servir y ayudar a alcanzar su plenitud de vida.

Pero precisamente porque quería encarnarse, Dios tuvo que buscarse antes una familia, una madre y un padre. Si en el seno virginal de María Dios se hizo hombre, en el seno de la familia de Nazaret el Dios encarnado aprendió a ser hombre. Para nacer, Dios tuvo necesidad de una madre; para crecer y hacerse hombre, Dios tuvo necesidad de una familia. María no fue sólo Aquella que dio a luz a Jesús; como verdadera madre, junto a José, logró hacer de la casa de Nazaret un hogar de “humanización” del Hijo de Dios.

La Encarnación del Hijo de Dios, precisamente porque es auténtica, asumió plenamente las modalidades del desarrollo natural de toda criatura humana, que tiene necesidad de una familia que la acoge, que la acompaña, que la ama y que colabora con ella en el desarrollo de todas sus dimensiones humanas, las que la hacen verdaderamente “persona” humana. Todo esto en el descubrimiento de un proyecto de vida, que permite comprender cómo desarrollar los propios recursos y encontrar sentido y éxito en la vida.

Esta necesaria e indefectible función educativa que toda familia debe ofrecer a sus miembros, en el caso de la Familia de Nazaret encuentra su testimonio en una página del Evangelio de Lucas. Es el episodio que refiere el encuentro de Jesús en el Templo:
“Al verlo se quedaron atónitos, y le dijo su madre: Hijo, ¿porqué nos has tratado así? Mira que tu padre y yo te buscábamos angustiados. El les contestó: Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debía estar en la casa de mi Padre? Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. El bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón. Y Jesús iba creciendo en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y los hombres”

En esta página encontramos tres indicaciones preciosas sobre cuanto la familia está llamada a hacer respecto de los hijos, para que lleguen a ser “verdaderos ciudadanos y buenos cristianos”. En este sentido, ésta podría considerarse una relectura salesiana atinada del principio de la Encarnación en un proyecto educativo.

Ante todo, no es indiferente que José y María hayan llevado a Jesús al Templo a la edad en que el hijo debe aprender a insertarse con todo derecho en la vida de su pueblo, haciendo propias las tradiciones que han alimentado y sostenido la fe de los padres: la familia de Jesús le ha introducido en la obediencia a la Ley y en la práctica de la fe, aunque sus padres sabían que su hijo era Hijo de Dios. El origen divino de Jesús no le ha eximido de la obligación, universal en Israel, de observar la Ley de Dios; el Hijo de Dios ha aprendido a ser hombre aprendiendo a obedecer a los hombres.

Hay que notar, además, la actitud respetuosa de los padres ante el hijo que, por sí solo, busca la voluntad de Dios sobre la propia vida. La respuesta de Jesús tiene casi un tono de maravilla, como diciendo: “Pero ¿cómo? Ustedes me han enseñado a llamar a Dios Abbá, Padre, y a buscar siempre su voluntad; y precisamente hoy y aquí, en Su casa, en el día del Bar Mitzvá, cuando he llegado a ser con todo derecho hijo de la Ley para vivir desde ahora en adelante cumpliendo el designio del Padre, ¿me preguntan dónde me encontraba y por qué he hecho ésto?”
Aún sin ser todavía mayor de edad, Jesús recuerda a sus padres que han sido ellos quienes le han enseñado que Dios y sus cosas están antes que la familia y su cuidado.

Notamos al fin, que la incomprensión de los padres no es un obstáculo para la obediencia del hijo, que vuelve con ellos a Nazaret; Jesús se somete a la autoridad de los padres que no son capaces de comprenderlo. Y así, concluye el evangelista, mientras María conservaba todo ésto en su corazón, Jesús crecía en sabiduría, estatura y gracia ante Dios y los hombres. He aquí el elogio más grande de la capacidad educativa de José y María. He aquí lo que significa en la práctica hacer de una familia, casa y escuela, “cuna de la vida y del amor y lugar privilegiado de humanización”.

Es en la familia donde Jesús aprendió la obediencia a la Ley y se insertó en la cultura de un pueblo; es en la familia donde Jesús manifestó querer dar a Dios el primer lugar y ocuparse en primer lugar de las cosas de Dios; es a la vida de familia adonde Jesús, consciente de ser Hijo de Dios, volvió para crecer, como hombre, ante los hombres, en estatura, sabiduría y gracia. El Hijo de Dios pudo venir a la vida naciendo de una madre virgen, sin contar para esto con una familia, ¡pero sin ella no pudo crecer y madurar como hombre!

Una virgen concibió al Hijo de Dios; una familia le humanizó.
¡Me pregunto si se podría decir más sobre el valor sacrosanto de la familia!



[1] NMI n.47
[2] Audiencia a los participantes de la LIV Asamblea General de la CE Italiana, OR 30-31 mayo 2005